Posteado en Agosto dUTC 2011

Educador Errante: Paisajes de Verano IV

Una compañera y amiga de profesión suele comentar, al iniciarse un caso nuevo con visos de complicaciones, que “parece ermita pero es catedral”. La de Mondoñedo no lo parece, lo es. Cuna de grandes reposteros, caminando por sus calles pronto te percatas que es agradecida con sus gentes y convecinos. Fue también lugar de crianza de un grande de las letras gallegas: Alvaro Cunqueiro.

Es justo reconocer que su viejo resplandor eclesiástico pasó a mejor vida, en concreto a la vida ferrolana, pero no por ello dejó de perder su encanto y vetusta calidad monumental: antiguos colegios, hospicios, abadías y su hermoso adoquinado en sus callejas entrelazadas, dan buena fe de ello.

Dejamos el interior y volvemos a la costa. Esa abrupta pero hermosa mariña, que cada día, haga sol, nieve o lluvia, no deja de sorprendernos con sus bellos espectáculos naturales: brisas marinas, oleajes embravecidos, arenas blancas tupidas de algas. Viveiro es un ejemplo clásico de municipio costero sostenible. Su casco viejo, convive con los progresos de la nueva hostelería y el acompañamiento de sus turistas de verano. No somos muchos, pero se siente. Quiere mantener el encanto de su vieja ría y promover la visita y convivencia de gentes de fuera para disfrute de sus playas y, por ende, de su nueva fisonomía post-ladrillo. Como el verde abunda y los bosques están cercanos, pareciera que el boom inmobiliario no pasó por allí, pero estar, está.

Nuestro próximo objetivo es una de las claves meteorológicas de la península. Estaca de Bares, solo hace honor a la mitad de su nombre, pues de los segundos no se tiene constancia en este bonito entorno recortado. Donde antes se intuía brillo, economía de proximidad y pequeños negocios, ahora solo quedan bancos sombríos y paradas de autobuses vacías esperando a sus viajeros. El faro del faro, aún siendo de día, nos va indicando que poco a poco hay que ir acercándose hacía el otro punto costero de referencia: Cabo Ortegal.

Más bonito y espectacular que el primero, este nos ofrece la posibilidad de visionar, aunque solo sea de paso, pueblos con renombre y potencial artístico y cultural: Ortigueira (con su sempiterno e inigualable festival de música celta y folk) y Cariño (intuyéndose una hermosa villa marinera de casitas estrechas y coloreadas que flirtean con el mar).

Pero nos quedamos en el Cabo que, como muchos otros, nos mira a lo lejos con su inmenso monóculo de cemento y cristal. Imaginas, como no pudiera ser de otra manera, si las viejas leyendas de marineros y piratas habrían tenido cabida entre sus aguas. El sol nos va dejando por el horizonte, como si nos dijese en su despedida que los acantilados de Herbeira y su vieja casona-mirador deben ser nuestro último refugio cultural del día.

Hagámosle caso entonces y sigamos el camino.

Publicada por el 26/08/2011
Categoria: Reflexiones
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Educador Errante: Paisajes de Verano III

PAISAJES DE VERANO III

León sin Castilla” es una vieja demanda, que en tiempos de globalización pareciera más un anhelo de otros tiempos de guerras, banderizas y conquistas, que otra cosa. Los historiadores dicen que fue antes la gallina, pero aquí nadie quiere quedarse sin el huevo de oro.

Remontamos el Cea para llegar hasta Valencia de Don Juan. Su viejo Castillo, ahora rehabilitado, conserva entre sus piedras, esquirlas y perforaciones de antaño, riñas de señoritos a base de bastión y acero, para hacerse con los campos llenos de cereales y algunas huertas de hortalizas y frutales. Zona de influencia portuguesa, condados y ducados se la discutían porque no había otra cosa mejor que hacer entonces.

Nos espera el Viejo Galeón, castillo gastronómico de la comarca coyantina. Cumpliendo con el refranero (“Si el cura va a peces a que irán los feligreses”) hicimos acopio de los mejores platos que se nos presentaron: Bacalao al ajo arriero, churrasco de ternera y tortilla guisada entre otros placeres. Ni cura ni feligreses pusieron objeción alguna a tal ministerio, llevando para casa, incluso, algo de lo allí expuesto.

León poco a poco se va despidiendo de nosotros, puesto que su vuelta se hace necesaria más pronto que tarde. Nuestro camino continua por el Norte, hacia Lugo. La mariña lucense es como esa prima extranjera que emigró al nacer, de la que te cuentan historias y siempre piensas que será la más hermosa al volver. Cumpliendo con ese pronóstico, la bella costa lucense es un arco iris de pueblos pesqueros y mini ciudades playeras, conviviendo en armonía con el fabuloso paisaje celta.

Unos berberechos amenizan el vermouth de la mañana, mientras degustamos junto al viejo puente de Rinlo. Ribadeo no nos provoca mucha curiosidad, reservada esta a Foz y sus playas, con vistas a San Bartolo. Sus casas pintadas y su paseo junto al mar, es de los parajes que más huellan me dejan en este corto pero intenso periplo.

La mañana tiene una hora y un lugar clave: 12:15 am, Playa de las Catedrales. El parking improvisado en lo que nosotros llamamos lameiros, deja entrever que la mañana promete: por el gentío que se intuye y por la ubicación. La marea baja nos permite adentrarnos hasta las entrañas del museo marítimo por excelencia. Cuando bajo sus escaleras y empiezo a pisar su fina arena blanca, atisbo a lo lejos las primeras formaciones rocosas en forma de arquivoltas. Creo sinceramente que se quedaron cortos al bautizarla como Playa de las Catedrales. Si la iglesia fuese ecuánime (que alguien habrá, porque no), debería autorizar una nueva nomenclatura de mayor rango: Basílica o Santuario, me atrevería.

Para acompañar ese regocijo cultural, es de recibo desplazarse unos pocos kilómetros hasta el Restaurante O Asador en San Cosme- Barreiros. Nuestros amigos y causi-familiares Seoane Diaz, nos acompañan en este día tan bonito y especial. El menú a degustar es unánime: Parrillada de Pescados y Mariscos, regado con vino Godello. La despedida de tan digno mantel se dilata hasta casi las 5 de la tarde, hora en la que el viejo arzobispado de Mondoñedo nos espera.

Pero eso es otra historia que habrá que ir desmigando proximamente.

Publicada por el 24/08/2011
Categoria: Reflexiones
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Educador Errante: Paisajes del Verano II

Educador Errante II

Este verano se ha puesto de moda en los pueblos de nuestra hermosa y multicultural península, las exposiciones de fotos antiguas. Símbolo de nuestra historia, imagen viva de nuestro pasado más reciente; no deja de sorprender esos pequeños cromos blanquinegros o sepias con motivos tan costumbristas como añorados: la trilla, pinar el mallo, los cantamisas, las mozas y mozos de los quintos, la siega, los partidos de futbol solteros contra casados (a.c Mou), la vieja cantina…

Es la forma más humilde y sublime de sacar de nuestros mayores recuerdos de otra época. Dura, agria, difícil, digna y alegre. Azuzar su instinto, rebuscar en su baúl de los recuerdos con la sana intención de seguir sintiéndose vivos. Vida que irremediablemente nos van legando poco a poco, ya que el tiempo no perdona ni a los buenos.

La vieja casona de Isabel en Renedo, ejerce de remanso para los paisanos. En el patio de las gallinas o en la cocina, Isabel hija, ofrece algunas de las viandas o refrescos clásicos, mientras viajantes y vecinos se intercambian pareceres de la comarca (contufar lo llaman). Ya no queda nada del viejo palacio, cuya fachada reposa en León capital, pero el aire labriego y vasallil aún brota junto a las cunetas. Por algo se le llamó, el “valle del hambre”.

El viejo horreo de Puente Almuhey, siempre es una grata presencia para la degustación. Beber un bierzo o un prieto picudo, junto a la casona de madera llena de atributos de caza, siempre sabe mejor. Y si viene acompañado de una tapa, ni qué decir tiene.

Bajamos a tierra de campos. La montaña deja paso a esas llanuras fértiles de rectas interminables. Parada obligada en la vieja ferretería de Cea. Dicen los entendidos, que lo que allí no encuentres no te molestes en buscarlo en otra parte. Excavada en una vieja bodega, con pasillos hacia los lados que más pareciera un laberinto, se ríe de las grandes superficies comerciales con su originalidad de siempre: lo clásico nunca muere, siempre permanece.

Como esas exposiciones de fotos antiguas, de familias enteras de 10 o más miembros, donde los hijos del ayer son hoy nuestros abuelos: arrecidos, fatigados, argollanos otros…. pero felices.

Próxima estación: Valencia de Don Juan.

Publicada por el 22/08/2011
Categoria: Reflexiones
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Viajes de un Educador Errante: Paisajes de Verano

VIAJES DE UN EDUCADOR ERRANTE

La salida de una gran ciudad se está convirtiendo con los años en un rito cuasi antropológico, donde la tribu y sus mastodónticas mecánicas se unen en uno solo, con una única finalidad: escapar del monstruo de la monotonía.

No se sabe cuándo ni porqué, pero la realidad es esa: en verano, las grandes ciudades se quedan vacias de hormigas urbanitas. Ricos y pobres, gafapastas y chonis, indigand@s y acomodad@s, escapan al unísono dejando atrás las fatigas, el estrés y los malos rollos de todo el año. En nuestro caso del norte, se une un motivo más: la lluvia que nos riega durante el año, nos empuja hacia el sol y el calor que tanto ansiamos.

Mi camino se inicia por el norte, hacía Cantabria. Paso pies juntillas junto a la nueva ludoteca de la familia Botín. Las ciudades temáticas están de moda, y las empresas que tan bien gestionan y producen sus recursos (y los de tod@s) no escatiman gastos en hacerse la suya propia. Luego llegarán los EREs, los despidos y las deslocalizaciones, pero para cuando llegue ese momento, el resplandor de estos faraónicos proyectos nos habrá hecho deslumbrarnos ante los nuevos (y viejos) mesías económicos y futuros referentes políticos.

El puerto de Pozazal junto a la frontera palentina, me tiene, por un momento, en ascuas. Con los valles pegados, es tan bello como traicionero: las nubes, la niebla y la lluvia suelen ser malas compañeras del viaje, aunque por una vez nos da un respiro a su paso, dejándonos penetrarla bajo un sol radiante.

Aguilar de Campoó y Cervera de Pisuerga son dos bellas románicas que siempre agradecen la visita del viajero. Su olor galletero y a leña añeja, respectivamente, las hace inconfundibles a los sentidos. Pie de la montaña palentina, rezuma entre sus piedras y casonas antiguas, un recuerdo a otros tiempos. Tiempos de retiro, de caza, de paseos por la naturaleza en estado puro, que ahora solo se quebranta con la aparición estelar de algún que otro rebeco. Sus pantanos y el tren de la Robla, también las identifica como tierras mineras y de trasiego.

Mi destino es un pequeño pueblo de León, a escasos kilómetros de Guardo. La hermosa cumbre de Peñacorada que la protege, junto al portillo del tio Máximo o Montemolino, hacen de ella una aldea de montaña característica y sinigual. La luche es uno de sus momentos más álgidos, recordando como ganaderos y agricultores pasaban los tiempos de asueto después del campo. Cuerpo a cuerpo, hombro a hombro, unidos al compás por dos cintos de cuero ajados. El escabeche, sus gentes, los vinos en casa del cura o los asados entre familias, hacen de Taranilla un lugar entrañable que no permite la indiferencia: O te gusta o lo adoras.

Publicada por el 16/08/2011
Categoria: Reflexiones
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Diario de un Educador: “El niño balsero”

Niño Balsero

- Hola, ¿Oscar?
- Si, soy yo, dime Alex.
- Ve… rás, es que, bueno, ayer estuve esperando, y bueno, al final… vamos, que no vino nadie y yo… bueno, que me preguntaba si no habría que hacer más difusión o algo. Que no sé, pero es que… no vino nadie, no sé si será normal al principio, pero es que… (¡uff, que nervioso estaba! Tenía la sensación de que me estaba expresando como si tuviera una esponja en la boca).
- Tranquilo Alex, la difusión está hecha, pero es normal que le cueste arrancar al principio. Esperamos hasta la próxima reunión y si la situación no ha cambiado nos replanteamos la estrategia.
- Bueno, bien (no estaba yo muy convencido. Casi una semana sólo, único habitante de esta isla de cemento, cristal y frío plástico)
- Alex, te tengo que dejar que tengo cosas que hacer. Ya me cuentas en la reunión. Estamos…
- Va… (ha colgado)…le
Me quedé con un regusto amargo, como cuando alguien te mira sin mirarte cuando su mirada te atraviesa como al cristal transparente de una ventana recién lustrada.

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Publicada por el 12/08/2011
Categoria: Diario de un Educador
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