Tags

Related Posts

Share This

Diario de un Educador: “El niño balsero”

Niño Balsero

– Hola, ¿Oscar?
– Si, soy yo, dime Alex.
– Ve… rás, es que, bueno, ayer estuve esperando, y bueno, al final… vamos, que no vino nadie y yo… bueno, que me preguntaba si no habría que hacer más difusión o algo. Que no sé, pero es que… no vino nadie, no sé si será normal al principio, pero es que… (¡uff, que nervioso estaba! Tenía la sensación de que me estaba expresando como si tuviera una esponja en la boca).
– Tranquilo Alex, la difusión está hecha, pero es normal que le cueste arrancar al principio. Esperamos hasta la próxima reunión y si la situación no ha cambiado nos replanteamos la estrategia.
– Bueno, bien (no estaba yo muy convencido. Casi una semana sólo, único habitante de esta isla de cemento, cristal y frío plástico)
– Alex, te tengo que dejar que tengo cosas que hacer. Ya me cuentas en la reunión. Estamos…
– Va… (ha colgado)…le
Me quedé con un regusto amargo, como cuando alguien te mira sin mirarte cuando su mirada te atraviesa como al cristal transparente de una ventana recién lustrada.

Las 16:55, como si hubiera rebobinado la cinta, me encontraba en medio de la muda estancia, igual que el día anterior. ¡Qué sensación más extraña! Me sentía como en un mundo paralelo, espectador de una escena ajena. Esto debe ser lo más cercano a una experiencia disociativa con la ketamina…

Sacudí la cabeza en ambas direcciones induciendo el estado de vigilia. Ya eran más de las cinco y la quietud de las cosas contrastaba con la agitación rítmica de los latidos del corazón.

Elian Gonzalez, no sé porque ese nombre me vino a la cabeza. La imagen de este niño se había reproducido en todos los noticiarios del planeta, haciéndolo más famoso que el propio ron cubano.

Sin quererlo, Elian se convirtió en un símbolo de la confrontación entre Cuba y Estados Unidos. El niño sólo, flotando en un neumático en medio del mar, arribando a las costas de Florida y rescatado por unos pescadores norteamericanos.

En el viaje, tras el naufragio de la balsa cubana, Elian se aferró a ese trozo de redondo caucho desgastado, como aferrándose a una vida que su madre dejó flotando a la deriva.

Él sólo luchaba por sobrevivir, pero sin pretenderlo, se halló en medio de un campo de batalla, símbolo de una realidad con distintos componentes como el “bloqueo” estadounidense a la isla o la naturaleza del régimen cubano.

El niño balsero, como se le denominaba, empezó a vivir con su familia materna en Miami, mientras en la isla se desataba un movimiento popular sin precedentes, en el que la figura más visible estaba personificada por el padre de Elian, Juan Miguel González, que exigía la vuelta del niño a su Cuba natal…

Una sombra sonora me despertó de improviso de mis pensamientos balseros. Sentí una ráfaga de aire acariciarme levemente la nuca. Me di la vuelta, y ahí estaban al lado de la mesa de ping- pong dos ejemplares perfectos del homo sapiens infantis.
Los dos sonrientes, de pie, inmóviles, mirándome interrogantes.

-eh, ¿las palas? – espetó el de pelo liso y castaño, y sin avisar, casi me da un infarto al ver que estas criaturas poseían la facultad del habla. De hecho, me debí de quedar como petrificado, como alguien que no entiende el idioma en el que se le habla…
-¿Las palas? Repitió el mismo, con cara de incredulidad.
– ahh, si, si, ahora mismo. Me di la vuelta en un rápido movimiento, tanto que tropecé y sólo un rápido movimiento del brazo izquierdo, con el que me así a la mesa, me libró de un ridículo seguro (tranquilo Alex, me repetí para mí).
– Aquí tenéis les dije alargándoles las dos palas y la pelota, impolutas todas ellas.
– Oye, ¿cómo os llamáis?

El ser parlante se llamaba Miguel y su compañero, más alto y desgarbado, Julen.

Empezaron a jugar sin más dilación sin hacerme mucho caso. Yo estaba intrigado. Y no sabía muy bien que hacer, como cuando no esperas visita y no tienes nada preparado.

Resultó que Julen era bastante más hábil que Miguel en el manejo de las palas y como máximo, el intercambio se prolongaba tres o cuatro golpes cayendo la mayor parte de los puntos a favor del larguirucho y moreno Julen.

Tenía mucha curiosidad. Así que decidí seguir preguntando a pesar de que estuvieran en pleno segundo set. Sobre todas las cosas, me intrigaba de qué manera se habrían enterado de la apertura de la ludoteca. Habría hecho Oscar, tal como dijo, la difusión. No me iba a quedar con la duda.

– Oye, y cómo os habéis enterado de que había abierto la ludoteca.

Por un momento ni siquiera hubo respuesta por parte del eco, pero…

– ¿…qué, qué dices?
– Que ¿cómo os habéis enterado de que hemos abierto la ludoteca? – repetí.

Mientras no llegaba a un revés ganador, Miguel me dijo que les habían dado una hoja en el colegio y que hoy al pasar por en frente del local, se habían acordado y que allí estaban, a ver qué tal estaba el local.

Yo aproveché para decirles que les comentaran a sus amigos para que se pasasen a echar unas partidas con el ansia del naufrago que se agarra a un tablón astillado a la deriva.

Para entonces, Julen había destrozado a su oponente, aunque no era de los que gustaban de humillar y tras el match point sólo soltó un seco ¡bien! Entonces, les propuse entrar en la competición y plantear un triangular a cinco tantos. Para mi sorpresa, aceptaron de buen grado y Miguel me pasó inmediatamente la pala. Mi debut en la pista central de Enocio. ¡Todo un honor!

Comenzamos con un pequeño calentamiento para adaptarnos a la pista, los meses de inactividad se notaban en la muñeca y había que hacerse a las medidas de la pista. Comenzó la contienda, tras un par de intercambios, la pelota se fue más allá de la línea de fondo. 1-0. Ni olí el saque cruzado, ace y 2-0. Éste si que lo conseguí devolver, pero muy alto, y Julen me fulminó con un smatch. 3-0. Esta vez devolví aceptablemente el saque, derechazo, revés cruzado, otra derecha por parte del jugador larguirucho, pero no es definitiva y con un magistral paralelo a la línea…3-1. Me estaba animando, ya había inaugurado el marcador y estaba crecido. Saco al centro y con un resto preciso, que me como con patatas…4-1. ¡Vamos Alex, que se puede hacer!. Saca cruzado y se la devuelvo con un gran resto, aún así con un hábil movimiento de muñeca me la devuelve a la línea. Resoplo por el esfuerzo como una foca acalorada, y alargando mí largo brazo consigo impactar la pelota pero se pierde muy lejos de la línea… 5-1 y final. Desde luego, está confirmado que estoy bajo de forma y que tengo que entrenar. Julen sonríe levemente en señal de victoria y no me queda más remedio, resignado, que pasarle la pala a Miguel, diciéndole, un poco patético, que a ver si conseguíamos echarle de la pista al moreno abusón.

Desde luego, no conseguimos nuestro cometido y nos pegó una paliza de las buenas, aunque en un alarde de positivismo, he de decir que llegue a hacer 3 puntos en mi mejor partido de la tarde.

Eran las siete y cuarto de la tarde, se me había pasado en un tris.

– Bueno, nos vamos – espetó un sonriente Miguel pasándome acto seguido las palas tibias por la actividad, junto con la bola poblada de marcas negras.

Me despido sonriente con un hasta la próxima y recordándoles que publiciten la apertura de la ludoteca.

En el resto de tarde no aparece nadie más, pero me da lo mismo, yo estoy feliz asido a mi pequeño tablón en medio de este océano en continuo vaivén…

Agentes federales entraron en la casa de madrugada y se lo llevaron… El 28 de junio del 2000, Elian Gonzalez abandonó los Estados Unidos rumbo a su cuba natal.”

¿Qué sería de él…?

Di la última vuelta de llave a la puerta exterior y me fui. Estaba contento, ahora podía decir que si tenía esperanza y eso era lo único que necesitaba. Ya tenía combustible para continuar mi viaje.

Por un instante sentí frío ante la insistencia del viento noroeste, pero sonreí…. No me importaba en absoluto.