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Viajes de un Educador Errante: Paisajes de Verano

VIAJES DE UN EDUCADOR ERRANTE

La salida de una gran ciudad se está convirtiendo con los años en un rito cuasi antropológico, donde la tribu y sus mastodónticas mecánicas se unen en uno solo, con una única finalidad: escapar del monstruo de la monotonía.

No se sabe cuándo ni porqué, pero la realidad es esa: en verano, las grandes ciudades se quedan vacias de hormigas urbanitas. Ricos y pobres, gafapastas y chonis, indigand@s y acomodad@s, escapan al unísono dejando atrás las fatigas, el estrés y los malos rollos de todo el año. En nuestro caso del norte, se une un motivo más: la lluvia que nos riega durante el año, nos empuja hacia el sol y el calor que tanto ansiamos.

Mi camino se inicia por el norte, hacía Cantabria. Paso pies juntillas junto a la nueva ludoteca de la familia Botín. Las ciudades temáticas están de moda, y las empresas que tan bien gestionan y producen sus recursos (y los de tod@s) no escatiman gastos en hacerse la suya propia. Luego llegarán los EREs, los despidos y las deslocalizaciones, pero para cuando llegue ese momento, el resplandor de estos faraónicos proyectos nos habrá hecho deslumbrarnos ante los nuevos (y viejos) mesías económicos y futuros referentes políticos.

El puerto de Pozazal junto a la frontera palentina, me tiene, por un momento, en ascuas. Con los valles pegados, es tan bello como traicionero: las nubes, la niebla y la lluvia suelen ser malas compañeras del viaje, aunque por una vez nos da un respiro a su paso, dejándonos penetrarla bajo un sol radiante.

Aguilar de Campoó y Cervera de Pisuerga son dos bellas románicas que siempre agradecen la visita del viajero. Su olor galletero y a leña añeja, respectivamente, las hace inconfundibles a los sentidos. Pie de la montaña palentina, rezuma entre sus piedras y casonas antiguas, un recuerdo a otros tiempos. Tiempos de retiro, de caza, de paseos por la naturaleza en estado puro, que ahora solo se quebranta con la aparición estelar de algún que otro rebeco. Sus pantanos y el tren de la Robla, también las identifica como tierras mineras y de trasiego.

Mi destino es un pequeño pueblo de León, a escasos kilómetros de Guardo. La hermosa cumbre de Peñacorada que la protege, junto al portillo del tio Máximo o Montemolino, hacen de ella una aldea de montaña característica y sinigual. La luche es uno de sus momentos más álgidos, recordando como ganaderos y agricultores pasaban los tiempos de asueto después del campo. Cuerpo a cuerpo, hombro a hombro, unidos al compás por dos cintos de cuero ajados. El escabeche, sus gentes, los vinos en casa del cura o los asados entre familias, hacen de Taranilla un lugar entrañable que no permite la indiferencia: O te gusta o lo adoras.