Tags

Related Posts

Share This

Educador Errante: Paisajes de Verano III

PAISAJES DE VERANO III

León sin Castilla” es una vieja demanda, que en tiempos de globalización pareciera más un anhelo de otros tiempos de guerras, banderizas y conquistas, que otra cosa. Los historiadores dicen que fue antes la gallina, pero aquí nadie quiere quedarse sin el huevo de oro.

Remontamos el Cea para llegar hasta Valencia de Don Juan. Su viejo Castillo, ahora rehabilitado, conserva entre sus piedras, esquirlas y perforaciones de antaño, riñas de señoritos a base de bastión y acero, para hacerse con los campos llenos de cereales y algunas huertas de hortalizas y frutales. Zona de influencia portuguesa, condados y ducados se la discutían porque no había otra cosa mejor que hacer entonces.

Nos espera el Viejo Galeón, castillo gastronómico de la comarca coyantina. Cumpliendo con el refranero (“Si el cura va a peces a que irán los feligreses”) hicimos acopio de los mejores platos que se nos presentaron: Bacalao al ajo arriero, churrasco de ternera y tortilla guisada entre otros placeres. Ni cura ni feligreses pusieron objeción alguna a tal ministerio, llevando para casa, incluso, algo de lo allí expuesto.

León poco a poco se va despidiendo de nosotros, puesto que su vuelta se hace necesaria más pronto que tarde. Nuestro camino continua por el Norte, hacia Lugo. La mariña lucense es como esa prima extranjera que emigró al nacer, de la que te cuentan historias y siempre piensas que será la más hermosa al volver. Cumpliendo con ese pronóstico, la bella costa lucense es un arco iris de pueblos pesqueros y mini ciudades playeras, conviviendo en armonía con el fabuloso paisaje celta.

Unos berberechos amenizan el vermouth de la mañana, mientras degustamos junto al viejo puente de Rinlo. Ribadeo no nos provoca mucha curiosidad, reservada esta a Foz y sus playas, con vistas a San Bartolo. Sus casas pintadas y su paseo junto al mar, es de los parajes que más huellan me dejan en este corto pero intenso periplo.

La mañana tiene una hora y un lugar clave: 12:15 am, Playa de las Catedrales. El parking improvisado en lo que nosotros llamamos lameiros, deja entrever que la mañana promete: por el gentío que se intuye y por la ubicación. La marea baja nos permite adentrarnos hasta las entrañas del museo marítimo por excelencia. Cuando bajo sus escaleras y empiezo a pisar su fina arena blanca, atisbo a lo lejos las primeras formaciones rocosas en forma de arquivoltas. Creo sinceramente que se quedaron cortos al bautizarla como Playa de las Catedrales. Si la iglesia fuese ecuánime (que alguien habrá, porque no), debería autorizar una nueva nomenclatura de mayor rango: Basílica o Santuario, me atrevería.

Para acompañar ese regocijo cultural, es de recibo desplazarse unos pocos kilómetros hasta el Restaurante O Asador en San Cosme- Barreiros. Nuestros amigos y causi-familiares Seoane Diaz, nos acompañan en este día tan bonito y especial. El menú a degustar es unánime: Parrillada de Pescados y Mariscos, regado con vino Godello. La despedida de tan digno mantel se dilata hasta casi las 5 de la tarde, hora en la que el viejo arzobispado de Mondoñedo nos espera.

Pero eso es otra historia que habrá que ir desmigando proximamente.