Posteado en Septiembre dUTC 2011

Educador Errante VII: Aruñe Contra el Tiempo

EDUCADOR ERRANTE VII

La pequeña Flariz, fiándose del refranero castellano, aprieta poco y abarca mucho. Serán cuestiones baladís, más relacionadas con la detención del tiempo bajo ese sol ardiente, pero el ritmo cansino que se apodera de tod@s nosotr@s durante el mes de Agosto, suele traer como consecuencia la gran amplitud de planes, visitas, degustaciones, fiestas (y si aún sobran unos minutos, algo de descanso) por descubrir. Todo constatado realmente al final del verano, cuando nos invade un halo de frustración al no haber podido realizar todos los planes ansiados en invierno y primavera.

Las nuevas pozas de agua caliente de Outariz suelen ser frecuentadas por estas huestes. En una ciudad como Ourense, dibujada entre montañas y adornada por un sinfín de puentes, se agradece que recursos naturales tan mágicos y preciados como son las aguas termales, sepan ser reconocidos y gestionados públicamente para disfrute de sus habitantes y viajeros. Cerca de allí, uno de los templos fetiches de comida casera: Casa da Escola. En ese viejo camino a Reza, ahora asfaltado como merece, se sitúa ese antiguo caserón donde no faltan las delicatessen de la huerta gallega: Cazuela de grelos con chorizo y besamel, pulpitos a la parrilla o pimientos de Padrón.

En uno de los extremos de la comarca de la Limia, se sitúa el encantador pueblo de Congostro. Su colección de horreos, hace de él un pueblo singular. De obligado paso, son también las tabernas del casco antiguo de la cabeza comarcal: Xinzo. Sus tapas de ancas de rana , oreja o bandullo con una taza de Ribeiro, son reclamo clásico y agradecido para el paseante.

Cuando pasamos la frontera, es de recibo devolverles gratitud y deferencias, al viejo Restaurante A Flor do Tamegá. El pequeño río que va a morir al Duero, da nombre a esta brasería portuguesa del municipio de Chaves, donde las carnes a la piedra y el Leitao (cochinillo) son como una religión monoteista: siempre adorando al tótem con el paso de los años, sin razón de desconfianza.

En el mismo país, pero pegada hacía la desembocadura del Miño, se encuentra la fortaleza de Valença. Una curiosa mezcla, muy en boga por otra parte, entre cultura, tradición y comercio. Visionas murallas y casas de época, mientras respiras a fragancia de bazar y textiles al por mayor. Su gastronomía es de valorar y siempre queda en buen lugar, pero luchar contra un arroz con bogavante, es una meta inalcanzable. Clásico en la cercana A Guardia ya en suelo hispánico, bajo el viejo monte de Santa Tecra, sus mariscos y pescados del pequeño puerto, son un reclamo de difícil rechazo. Sus arenales, aunque bonitos, destacan sobre manera por el viento y su lucha contra los elementos. Arena, pinos, cruce de aguas océano y rio, dibujan un cuadro entremezclado con las sombrillas, bikinis y pareos de temporada.

Con los estómagos suficientemente satisfechos y la retina repleta de fotos e instantáneas con encanto, es momento de ir haciendo las maletas y buscar nuevos retos: más tiempo y más lugares. Pongámonos manos a la obra…

Foto: Yuse Vázquez

Publicada por el 27/09/2011
Categoria: Reflexiones
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Educador Errante VI: De Orujos y Verbenas

Flariz es una pequeña aldea ourensana que olfatea la frontera portuguesa. No se le ha pegado nada de allí, o más bien casi nada, pero aún recuerda de niña como sus habitantes sobrevivían en la postguerra con cuentos y fábulas de estraperlo y contrabando, tanto si iba Isabel como Fernando. El préstamo, los trabajos vecinales de labranza, seitura, malla y vendimia entre muchos otros, eran la manifestación más evidente que no había nada de nada en ese solar de la pequeña montaña: ni dinero, ni herramientas. Todo confiado al azar y al buen sentir de sus vecinos, incansables en sus tareas y en conservar sus amistades.

Reposa casi al pie de la Sierra del Larouco, quien le profiere en ocasiones un viento fresco y continuo que mitigan esos calores secos de interior. Esta es la aldea donde se guardan mis recuerdos y vivencias, donde reposa mi infancia. En definitiva, esa es mi patria.

La fiesta del emigrante es una de sus manifestaciones más reconocibles. Agradecida a sus vecinos, también tiene tiempo en Agosto para añorar a esos hijos que emigraron para hacerse mayores y encontrar un poco de lo que allí no abundaba: un trabajo menos costoso y más agradecido económicamente. Nos reunimos normalmente en torno a 300 amig@s (y permítanme la licencia de generalizar) donde dar rienda suelta a su gastronomía mas típica y recordada: empanada, lacón, carne al caldeiro o churrasco, bica y licor café.

La charanga es reclamada con emoción para dar rienda suelta a esa música cacharrera tan reconocible y admirada en verano como ninguneada en otras épocas del año. Solo parece sonar bien en estas fechas, mientras la ingesta de etiles y la unión de cadenetas humanas se hacen realidad, siguiendo sus pasos. Niñ@s y viejos, jóvenes y adultos. Todos juntos y al acabar la noche, incluso hasta revueltos.

Mi abuelo tiene el privilegio de tener una pequeña choza a las afueras del pueblo. Una casita/asador/caseta de herramientas que permite cierta tranquilidad y sosiego para el sacrílego acto de la queimada. Frente, se sitúa un plano visual de toda la aldea, francamente envidiable. El viejo druida es desde hace muchos años el camarada Chelis. Amante de la comarca de la Límia, las músicas celtas y hardrockeras y los botellines de cerveza. Poco acostumbrado al azúcar y mas proclive por las frutas, hincha la pota de la queimada hasta casi rebosar la misma. Los allí presentes somos algo más recatados y tendemos a suavizar sus efectos, dado que la noche es larga y para much@s seguramente que fructífera.

La modernidad nos invade por todos lados y es por ello que para la lectura de la vieja leyenda ancestral del conxuro, no falten dos o tres Iphones con la misma en su pantalla: Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasgos e diaños, espritos dasnevoadas veigas……

Ya cae la noche y la música aún retruena desde adentro. Se oye primero un poco de Chill Out, que va degenerando en música mas actual, llevándonos de la mano hacía su fin. Son las siete de la mañana y los primeros rayos de sol se asoman por los cristales del único ventanal. Las campanas de en punto suenan a lo lejos desde la torre campanario. Aún quedamos unos cuantos en la casa, juntos y casi despidiéndonos con With or wiyhout you de U2.

Siempre contigo Flariz, siempre con nosotr@s.

CONTINUARA

Publicada por el 6/09/2011
Categoria: Reflexiones
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Educador Errante V: Acantilados y Leyendas

La tarde soleada invita al baño y el descanso. La sobremesa empieza algo tarde, dado que la pequeña taberna de Espasante dilata los tiempos culinarios tanto como sus propios recursos les permite. Una pequeña cocina de butano es, en ocasiones, suficiente herramienta para poder degustar unas merecidas zamburiñas aunque en el camino queden varias cervezas para matar nuestra desesperación.

La playa es mas mediterránea que cantábrica. Esas de anuncio de Estrella damn o Malibú. Una moto acuática y un grupo de jóvenes flirteantes son el único impedimento al relax pleno. La tarde se va echando encima y la nostalgia también. Queda pendiente subir al mirador de Vixia de Herbeira y otear esa maravillosa costa recortada desde la vieja casona. Vetusta y oscura, sus irregulares piedras cuentan por cientos las puestas de sol junto a sus paredes verticales y vigila en lo alto tiempos sufridos de pescadores y mariscadores contra su embravecida mar, prima hermana de la costa da morte.

Bajamos raudos y veloces, dado que el refranero nos obliga a visitarlo antes de marchar: “A San Andres de Teixído vai de morto o que non foi de vivo”. Vida en el pueblo hayla y mucha. Su bonita iglesia acebrada, emerge entre casas pequeñas pero bien conservadas, mientras sus vecinos de ultratumba se atisban en la lejanía como queriendo cuidar de los que se quedaron. La costa se nos va acabando y nos adentramos hacía ciudades más pobladas y urbanitas: Cedeira primero y Coruña después.

De esta última nos alegra saber, aunque el tiempo no engrandezca la visita, que el viejo faro romano (ahora torre de Hércules) sigue guardando bien sus secretos y encantos en torno a sus escaleras de espiral, que la Plaza María Pita y su paseo acristalado contiguo tiene un aire bohemio de siglo pasado que te evoca irremediablemente y que su playa de Riazor, aunque bonita, queda aún a cierta distancia distintiva respecto a la Concha. Cerca, el viejo estadio deportivista descansa de sus rugidos y se prepara para su vuelta a primera escena balompédica, con un cartel que reza: “Quedan 304 días”.

A nosotros nos quedan muchos menos de viaje. Pero cundir, cunden como si fuera mucho tiempo. El camino se echa encima y la Galicia rural y fronteriza nos aguarda. Flariz se llama el destino.

Publicada por el 5/09/2011
Categoria: Reflexiones
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