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Educador Errante V: Acantilados y Leyendas

La tarde soleada invita al baño y el descanso. La sobremesa empieza algo tarde, dado que la pequeña taberna de Espasante dilata los tiempos culinarios tanto como sus propios recursos les permite. Una pequeña cocina de butano es, en ocasiones, suficiente herramienta para poder degustar unas merecidas zamburiñas aunque en el camino queden varias cervezas para matar nuestra desesperación.

La playa es mas mediterránea que cantábrica. Esas de anuncio de Estrella damn o Malibú. Una moto acuática y un grupo de jóvenes flirteantes son el único impedimento al relax pleno. La tarde se va echando encima y la nostalgia también. Queda pendiente subir al mirador de Vixia de Herbeira y otear esa maravillosa costa recortada desde la vieja casona. Vetusta y oscura, sus irregulares piedras cuentan por cientos las puestas de sol junto a sus paredes verticales y vigila en lo alto tiempos sufridos de pescadores y mariscadores contra su embravecida mar, prima hermana de la costa da morte.

Bajamos raudos y veloces, dado que el refranero nos obliga a visitarlo antes de marchar: “A San Andres de Teixído vai de morto o que non foi de vivo”. Vida en el pueblo hayla y mucha. Su bonita iglesia acebrada, emerge entre casas pequeñas pero bien conservadas, mientras sus vecinos de ultratumba se atisban en la lejanía como queriendo cuidar de los que se quedaron. La costa se nos va acabando y nos adentramos hacía ciudades más pobladas y urbanitas: Cedeira primero y Coruña después.

De esta última nos alegra saber, aunque el tiempo no engrandezca la visita, que el viejo faro romano (ahora torre de Hércules) sigue guardando bien sus secretos y encantos en torno a sus escaleras de espiral, que la Plaza María Pita y su paseo acristalado contiguo tiene un aire bohemio de siglo pasado que te evoca irremediablemente y que su playa de Riazor, aunque bonita, queda aún a cierta distancia distintiva respecto a la Concha. Cerca, el viejo estadio deportivista descansa de sus rugidos y se prepara para su vuelta a primera escena balompédica, con un cartel que reza: “Quedan 304 días”.

A nosotros nos quedan muchos menos de viaje. Pero cundir, cunden como si fuera mucho tiempo. El camino se echa encima y la Galicia rural y fronteriza nos aguarda. Flariz se llama el destino.