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Educador Errante VI: De Orujos y Verbenas

Flariz es una pequeña aldea ourensana que olfatea la frontera portuguesa. No se le ha pegado nada de allí, o más bien casi nada, pero aún recuerda de niña como sus habitantes sobrevivían en la postguerra con cuentos y fábulas de estraperlo y contrabando, tanto si iba Isabel como Fernando. El préstamo, los trabajos vecinales de labranza, seitura, malla y vendimia entre muchos otros, eran la manifestación más evidente que no había nada de nada en ese solar de la pequeña montaña: ni dinero, ni herramientas. Todo confiado al azar y al buen sentir de sus vecinos, incansables en sus tareas y en conservar sus amistades.

Reposa casi al pie de la Sierra del Larouco, quien le profiere en ocasiones un viento fresco y continuo que mitigan esos calores secos de interior. Esta es la aldea donde se guardan mis recuerdos y vivencias, donde reposa mi infancia. En definitiva, esa es mi patria.

La fiesta del emigrante es una de sus manifestaciones más reconocibles. Agradecida a sus vecinos, también tiene tiempo en Agosto para añorar a esos hijos que emigraron para hacerse mayores y encontrar un poco de lo que allí no abundaba: un trabajo menos costoso y más agradecido económicamente. Nos reunimos normalmente en torno a 300 amig@s (y permítanme la licencia de generalizar) donde dar rienda suelta a su gastronomía mas típica y recordada: empanada, lacón, carne al caldeiro o churrasco, bica y licor café.

La charanga es reclamada con emoción para dar rienda suelta a esa música cacharrera tan reconocible y admirada en verano como ninguneada en otras épocas del año. Solo parece sonar bien en estas fechas, mientras la ingesta de etiles y la unión de cadenetas humanas se hacen realidad, siguiendo sus pasos. Niñ@s y viejos, jóvenes y adultos. Todos juntos y al acabar la noche, incluso hasta revueltos.

Mi abuelo tiene el privilegio de tener una pequeña choza a las afueras del pueblo. Una casita/asador/caseta de herramientas que permite cierta tranquilidad y sosiego para el sacrílego acto de la queimada. Frente, se sitúa un plano visual de toda la aldea, francamente envidiable. El viejo druida es desde hace muchos años el camarada Chelis. Amante de la comarca de la Límia, las músicas celtas y hardrockeras y los botellines de cerveza. Poco acostumbrado al azúcar y mas proclive por las frutas, hincha la pota de la queimada hasta casi rebosar la misma. Los allí presentes somos algo más recatados y tendemos a suavizar sus efectos, dado que la noche es larga y para much@s seguramente que fructífera.

La modernidad nos invade por todos lados y es por ello que para la lectura de la vieja leyenda ancestral del conxuro, no falten dos o tres Iphones con la misma en su pantalla: Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasgos e diaños, espritos dasnevoadas veigas……

Ya cae la noche y la música aún retruena desde adentro. Se oye primero un poco de Chill Out, que va degenerando en música mas actual, llevándonos de la mano hacía su fin. Son las siete de la mañana y los primeros rayos de sol se asoman por los cristales del único ventanal. Las campanas de en punto suenan a lo lejos desde la torre campanario. Aún quedamos unos cuantos en la casa, juntos y casi despidiéndonos con With or wiyhout you de U2.

Siempre contigo Flariz, siempre con nosotr@s.

CONTINUARA