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La Raíz de la Educación Social

La raíz de la Educación Social

Educere: guiar, conducir.

Educare: Formar, instruir.

Socialis: Perteneciente o relativo a la sociedad.

Societas: Conjunto de individuos que interaccionan entre sí y comparten ciertos rasgos culturales esenciales cooperando para alcanzar metas comunes.

Socializar: promover condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de la persona.

Socialización: proceso a través del cual los individuos aprenden e interiorizan las normas y los valores de una determinada sociedad y cultura específica para desempeñar con éxito la interacción social.

Me resulta complicado explicar en qué consiste mi trabajo, cuando te lo preguntan, usuarios, amigas, familiares…, no puedo evitar fruncir el ceño y con un hondo esfuerzo rescatar frases interiorizadas hace tiempo como las que siguen: “Consiste en acompañar”; “en ayudar a las personas”; en “estar ahí”

Con los años de práctica, la inseguridad inicial al explicar mi trabajo, se ha convertido en un texto bien aprendido. La dubitación original, se ha transformado casi en un automatismo que adorno de muy bien justificados ejemplos… “acompañé a tal joven a buscar trabajo”; “le informé de tal recurso”; “le escuché, aconseje”; “le apoyé, le llamé…”. Iría por ahí, sería más o menos así… Es que es difícil de explicar…

La pregunta que sigue, la pregunta que destacaría después en un neón cegador es… ¿Por qué?

Después incluso de trabajar 10 años como Educador Social, sigo teniendo esta duda y no creo ser el único. En mi caso, me he apoyado en el comodín del acompañamiento (acompañar a las personas) como un bastón que con el tiempo se hace superfluo y va desapareciendo hasta que la persona camina por sí misma.

Pensándolo bien, no es una respuesta lo suficientemente fundamentada, es una respuesta llena de experiencias, llena de buenas intenciones, pero falta de reflexión honda y, sobre todo, de una sólida fundamentación. Mi intención no es fustigarme con reproches, ni echar piedras contra mi propio tejado. Mi intención no es apoyar a los detractores de esta profesión, ni empequeñecer nuestra labor profesional. Al contrario, creo que hay que esforzarse en reflexionar y hay que buscar espacios para reposar esta praxis bienintencionada.

No me gustaría que nuestra profesión se viese afectada por la acomodación de la que adolecen otras profesiones, de la falta de autocrítica, de la proacción sin rumbo claro, navegando a la deriva o, quizá peor, a la zaga de otras profesiones, cuál rémora, cuál papagayo que reafirma los fundamentos de otras profesionales (¿más fundamentadas? ¿más valoradas? ¿más legitimadas?)

Tengamos cuidado porque la falta de reflexión nos puede llevar a servir a propósitos a los que en la carrera tan alegremente juramos no servir. No en vano, los ecos que se escuchan sobre la educación social como un elemento de control social no son sólo rumores y en algunos casos se traducen en acciones que poco tienen de educativo y que lamentablemente mucho tienen de contención y/o control.

A veces me parece como si habríamos avanzado poco desde la profesionalización de la acción del voluntariado y desde los tiempos de la caridad. A veces pienso que de estos huecos en la formula de la ecuación vienen las inseguridades, viene el sentimiento de falta de poder, viene incluso la falta de autoestima que desprendemos los y las profesionales.

Sé que en esta averiguación de la causa, falta el análisis de muchos factores, pero estas palabras marcan un inicio, son el principio de una búsqueda en la que me estoy iniciando y espero que me acompañéis curiosos unos e incluso entrometidas otras.

La búsqueda pretende reflexionar sobre la fundamentación y los cimientos mismos de nuestra profesión, procura dotar de poder al profesional, de hacerle sentir legítimo para la acción y en la acción, de que valore su labor desde la valentía, la autocrítica y huyendo de la acomodación y de la inercia.

Alguna otra vez he acudido a la visión de los educadores y educadoras como islas aisladas en el gran océano de la educación social, un poco aturdidos, abrumados por su inmensidad…

Pero al fin y al cabo, yo me pregunto: ¿el agua nos separa o nos une?

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