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¿Es necesaria la Universidad para la Educación Social?

¿Es necesaria la Universidad en la Educación Social?Siguiendo con mi búsqueda y a las puertas de otra experiencia en las aulas esta semana en la Universidad de Oviedo, ha llegado a mis manos precisamente un artículo sobre la socialización para la profesión de Educación Social que lleva a cabo la Universidad, basado en una investigación en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, realizada en los cursos 94/95 y 96/97.

Sé que ha pasado tiempo desde la realización de esta investigación y, en esta cercana visita a Asturias, espero contrastar con alumnado actual de Educación Social los sentimientos de estas promociones respecto al comentado proceso de socialización como futuros profesionales de esta titulación.

Por otro lado, he de decir que me he sentido muy identificado con estas promociones, quizá será porque son cercanas a la mía propia, cronológicamente hablando, claro, o quizás no…

Comencemos con una idea que señalan sus autoras Gloria de la fuente y María Eduvigis Sánchez. Matín:

Cuando una carrera conduce a una profesión bien definida, ofrece un alto estatus social y/o una movilidad social ascendente, y unas buenas expectativas laborales, es previsible que la identificación con los roles y funciones de la futura profesión sea muy intensa y que ello conlleve la aceptación de las normas y valores universitarios

Como se refleja en está investigación, la socialización de la Educación Social realizada en la universidad está lejos de ayudar a este efecto. De hecho, el alumnado se siente decepcionado con la experiencia universitaria, que resulta muy lejana a sus expectativas, siendo muy crítico con el profesorado y la enseñanza recibida.

En este sentido, tienen unas expectativas de trabajo muy bajas y a muy largo plazo, no tienen muy claro la posibilidad de movilidad social y este hecho se ve agravado por la falta de institucionalización de la Educación Social.

Siendo sincero, he de decir que me veo reflejado en gran parte con lo anteriormente dicho si me retrotraigo a mi etapa estudiantil. Incertidumbre podría ser la palabra que se dibujaba ante mí, desorientación, pudiera ser otra. No era tarea fácil encontrar agarraderas en la carrera que hiciesen más fácil encaramarse para vislumbrar, aunque fuera someramente, en qué consistía mi futura profesión. El currículo parecía frío, teórico y lejano a la realidad profesional.

Como refleja esta investigación, no es extraño que el alumnado se contente con un objetivo meramente instrumental, es decir, con sacarse el título y de buscar un modelo, una identidad en sus compañeros y compañeras de clase, ya que no se encuentran identificados con la institución universitaria.

Algo falla si no hay puentes tendidos entre alumnado e institución educativa, algo falla si el alumnado no valora la formación recibida y si la institución no se flexibiliza en pos de acercarse a la realidad de la praxis del educador social.

Desde luego, es innegable la importancia de una base teórica que fundamente la acción y es una tendencia conocida de las personas que habitan este universo de la Educación social (estudiantes y profesionales) la de abogar por la practicidad, por la praxis, por la acción.

Sin duda, no deberíamos optar por una práctica sin una base teórica bien trabajada que fundamente y apoye nuestra praxis y la universidad no debería olvidar unir la teoría con la praxis real de educadoras y educadores sociales. Hay que reflejar la importancia real de que un profesional tenga un disco duro bien nutrido con refutadas teorías y que tenga claras respuestas teóricas detrás de cada acción educativa.

De la unión de ambos planos, vendría, en mi opinión, una mayor credibilidad, un mayor estatus, un mayor prestigio de esta profesión, caminando precisamente hacía esa profesionalización y empoderándonos como profesionales.

Debemos tomar parte, debemos tener una postura como profesionales y que ésta esté fundamentada en la reflexión pero también en la investigación y la construcción de conocimiento como educadores y educadoras sociales. De no ser así, en mi opinión, siempre estaremos bailándoles el agua a otros profesionales, estaremos de prestado y delegando una responsabilidad que nos compete a nosotros y nosotras.

No nos engañemos, necesitamos a la Universidad en este camino, no puede permitirse este desencuentro ni por una parte ni por otra. Ambos necesitamos caminar juntos hacia esta definición clara de la Educación Social de manera que el alumnado tenga un modelo hacia el que orientarse y el profesorado una base sobre la que construir una preparación profesional específica y adaptada a dicho perfil profesional.

Espero que pronto dejemos lejos estos datos que recoge la investigación…

El 64% de los estudiantes consideran su experiencia más negativa que sus expectativas, el 83%, sólo volvería a elegir la carrera en caso de que se hicieran modificaciones y el 91 %, propone una serie de cambios en el plan de estudios (planificación y contenido de alguna asignaturas, entre otros) y en el perfil y los métodos del profesorado. EI profesorado es citado por el 46% de los estudiantes, como uno de los aspectos que deberían modificarse de la carrera y su actuación es considerada como deficiente (se valora de 1 a 3 en una escala de 1 a 7) por el 51%.

¿Qué pasos debemos de dar todas las partes implicadas?

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