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El Adiós a una Generación de Trabajadoras/es Sociales

Barrios populares de Medellín

Quisiera con estas palabras recordar y agradecer a una generación de personas que, por motivos de salud y edad, están dejando este mundo aunque nos dejan su legado, su obra y sus recuerdos. Me estoy refiriendo en general a la generación nacida o que vivió sus primeros años en esa década triste, gris, silenciosa, represiva y sobre todo sembrada de hambre que fue la década de los cuarenta en el estado español. Y más en concreto a aquellos que encontraron su vocación (y posiblemente su salida personal) en transmitir el mensaje cristiano como sacerdotes o monjas más allá del territorio estatal y fueron a dar a lugares remotos y lejanos a sus familias en algún lugar de África o en Latinoamérica. Llegaron con 20 o 30 años a ciudades y barrios sin recursos, carentes de agua potable, electricidad, sanidad o educación. Desarrollaron su labor pastoral pero, sobre todo, es lo que quisiera resaltar, se dejaron las energías, la ilusión y la vida en su labor social, en su lucha por la mejora de la condiciones de vida de su entorno, siendo unos verdaderos trabajadores sociales en el sentido amplio de la palabra. Cierto es que su labor en el día a día tenía aspectos de mejora pero no nos dejemos llevar exclusivamente por la “profesionalidad”.

Recientemente he pasado de visita por un proyecto en el que en su día estuve colaborando en una de las comunas de Medellín. Allí coincidí con varios religiosos de los que me refería en las palabras anteriores. Personas que con un conocimiento básico de enfermería se convirtieron en las enfermeras del barrio las 24 horas al día, o que tuvieron que dejarse la piel para que asfaltaran las calles, llegara el agua o la luz o construyeran una escuela. Hoy dos de ellos (el Padre José y la Hermana Maria Jesús) ya han fallecido y en su recuerdo en la guardería y escuela que ellos ayudaron a levantar y mantener han colocados sendas fotografías de ellos sonrientes, de “paisano”, como vestían siempre. Muy distante a la sensación de otras fotos de religiosos que cuelgan en las paredes de los pasillos de los colegios concertados o privados de nuestro país. Posiblemente no solo sus fotos, sino sus vidas y, sobre todo, su trabajo fue muy diferente.

Para ellas y ellos, que incluso en el final de sus días renunciaron a ser tratados médicamente en su país de origen por permanecer en las comunidades que les acogieron, les quisiera dedicar estas humildes palabras.

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