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Educación Social vs Control Social (II)

Hace unas semanas echó a andar en Bizkaia, socialmente hablando, un pequeño movimiento concientizador en el ámbito de la educación social, enmarcado en proyectos de intervención socio-comunitaria. Es cierto que nace en origen con personas referentes a este ámbito, pero ya en la presentación la declaración de intenciones queda resuelta en boca del presidente del Colegio de Educadores Sociales del País Vasco. Actuando como representante pero hablando como educador, vino a decir que este es un charco que nos incumbe a tod@s y debemos mancharnos de barro si es necesario, para dejar constancia de nuestra posición en defensa de la profesión.

Gizarte Hezitzaileak Aldarrikatu (Reivindicación de l@s Educadores Sociales) ha puesto encima de la mesa la circunstancia y preocupación que tenemos los educadores de familia y menores principalmente, pero haciendo partícipe a la profesión en general, en torno a las nuevas prácticas metodológicas que se están desarrollando en el Ayuntamiento de Bilbao en particular y en las instituciones en general: Mancomunidades, Diputaciones, Comunidades Autónomas y Estado.

Protocolos y procedimientos que, en origen, venían a optimizar nuestras prácticas profesionales, con el fin y loable intención de mejorar la atención a nuestros ciudadan@s y usuari@s y, de paso, la propia organización de base de los servicios sociales comunitarios. Un marco teórico que diese mayor consistencia y fundamentación a unos servicios y un sector que históricamente no estaba identificado ni familiarizado con las metodologías cuantitativas y de eficiencia empresarial. Ya saben aquello de que “trabajamos con personas, no con números”. Ahí le doy la razón a los técnicos y a las instituciones: los números y la optimización de recursos son necesarios y más en tiempos de recesión económica. Pero no es lo único y ni mucho menos lo prioritario.

Para conseguir este fin, los profesionales hemos esperado paciente y prudentemente, a ver cómo se irían desarrollando las distintas técnicas y herramientas, para valorar con conocimiento de causa. Aunque ya en origen, partíamos con una clara desventaja: Instrumentos para la educación social, pero sin la educación social. Los grupos de desarrollo, tecnificación y realización de las mismas, han estado formados por técnicos, psicólogos y trabajadores sociales. Únicamente se ha otorgado opinión decisoria a los educadores sociales, en los momentos posteriores de utilización de la herramienta, en la fase de valoración de los casos, llegando así a la temida fórmula del embudo: INSTITUCIÓN -> AREA ACCIÓN SOCIAL -> HERRAMIENTA -> GRUPO DE EXPERTOS/EQUIPO DE VALORACIÓN DE LOS CASOS (6 meses) -> SELECCIÓN -> DERIVACIÓN A EQUIPOS EDUCATIVOS.

El camino, clarificador y selectivo, tiende al filtrado del usuari@ y, por ende, a la reducción de los expedientes, de los casos atendidos y, quién sabe, si al final del camino, la reducción de profesionales de atención a los mismos.

Ya lo decía un actor metido a educador social, ávido observador de su entorno y de la realidad política y social que le rodea: “Hay un montón de gente ahí fuera cabreada que está esperando una buena gestión de nuestra parte. No se me ocurre mejor gestión que prescindir de lo prescindible: la mitad del equipo se va a ir la calle“.

No debemos tener miedo a la metodología, a términos como la eficiencia y la organización. Como bien ejemplifican los documentos de Aldarrikatu, sabemos y podemos trabajar en red, hombro con hombro con otr@s compañer@s y profesionales. Y lo hacemos muy bien y recibimos felicitaciones por ello. Trabajaremos por crear un discurso cada vez más elaborado, un razonamiento teórico cada vez más sólido y referente, también desde la práctica.

Desde el sistema y con el sistema. Otra cosa muy distinta, es pedirnos ser cómplices de un sistema que, en ocasiones, pretende utilizarnos en pro de cubrir sus propias carencias. Participamos de nuestro sistema con afán de producir cambios de mejora, construyendo una sociedad mejor, más justa, solidaria e integradora. Y, por favor, enterrando la perversidad ideológica de la caza al excluido, con el “O son ell@s o somos nosotr@s. Porqué ell@s son el ENEMIGO”.

Y, por qué no, volvemos y rematamos con Jaume Funes: “Cuando los trabajadores y educadores sociales se convierten cada día más en gestores de prestaciones y tienen el encargo implícito de gestionar con habilidad las molestias que algunos ciudadanos y ciudadanas crean (…) ¿Qué hacemos cuando desde la calle se contesta, con argumentos, que en buena parte compartimos, las políticas concretas que debemos aplicar?”.

Tantos años temiendo al estado totalizador y resultó que el chivato de la clase éramos tod@s” (ALASKA 99, en Santiago de Compostela, en Barcelona, en Valencia, en Binarós, en Balaguer…. En vivo y en directo, la actualidad en España)

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