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Cifras Sin letra (I)

Lo único cierto del título es que el conductor del referido programa y dinámico Jordi Hurtado, sigue ajeno a los cambios, fluctuaciones, gobiernos e incluso ciclos económicos: la viva imagen de la felicidad televisiva desde hace ya veinte años. ¿Apariencia o realidad? Algo intangible para el espectador, solamente resoluble, afortunadamente, en su círculo familiar más cercano.

En el día a día, sin embargo, las instituciones y las personas que forman parte de las mismas (o sea, la sociedad encargada de dirimir, dirigir y organizar nuestros destinos) no atienden a estos parámetros de funcionamiento. Las apariencias engañan, y es en la búsqueda de la materia tangible y cuántica donde encontrar el soporte necesario para aclarar el panorama.

Para eso se creó la burocracia. Por cierto, la cual defiendo y entiendo siempre que esté destinada a facilitar y organizar las relaciones entre ciudadanos e instituciones. Difícil tarea, no siempre conseguida . Ni demonizarla per sé, ni defenderla a ultranza porque vaya la vida en ello de la futura organización de nuestra sociedad.

Dicho lo cual y a punto de entrar de lleno en materia referida a la educación social, me corrige mi pareja y me recuerda que el programa actual de Jordi Hurtado se llama de otra manera y que yo me estaba refiriendo a tiempos de cuando la EGB formaba a generaciones enteras de púberes en el pasado siglo. ¿Y ahora quién es el guapo que desdice lo anteriormente descrito?

En una de esas mañanas laborales con sabor a profesión de la de siempre, reflexiva pero nostálgica, mi compañero de trabajo a la par que pareja educativa me refiere que, en los proyectos sociales, las cifras mienten. La frase por contundente que parezca, no deja de tener su vigencia y casuística particular. Asentí con la cabeza como una oveja lobotomizada y empezaron a brotar de mi testa algunas de las últimas noticias y casos que hacían retorcer la realidad hasta llevarla a buen puerto: aquel donde solo quieren llegar algún@s con afán de pichar en nuestras conciencias y, por ende, en nuestra sociedad.

Partamos de la base que no es una denuncia a la prensa o el periodismo en particular, aunque las fuentes provengan de ahí.

Sobre el fraude en las prestaciones sociales o ayudas tan en boga últimamente, nos informan que 1 de cada 8 subisidiarios del RGI (Renta de Garantía de Ingresos) del Gobierno Vasco (hasta el año pasado era competencia de los ayuntamientos) no se sabe de su paradero y asciende la cifra a 7.000 personas. De todas ellas, 30 perceptores seguían recibiendo la mencionada ayuda, aún habiendo fallecido.

De un conflicto violento acaecido en la capital vizcaína, también se rescata la particularidad de que cuatro agresores de dos guardias urbanos también perciben habitualmente ese tipo de ayudas que ascienden a 900 euros de media, cuando sus actuaciones y modales cívicos dejan bastante que desear.

No cabe duda a nadie en su sano juicio o con un sentido común lo suficientemente global, que no denuncie este tipo de prácticas irregulares. Porqué en tiempo de crisis o sin ella, los dineros de tod@s los ciudadanos son para tod@s los ciudadanos, bienestar de los mism@s y servicios que se requieran. Y especialmente, este tipo de ayudas están destinadas para personas realmente necesitadas de ellas que por distintas circunstancias, requieren para su subsistencia diaria y, a poder ser, dentro de un marco temporal limitado con afán de volver a formar parte de la sociedad activa, acabando por contribuir en la misma.

Eso es así, aquí y en Marte. Reprobando actitudes violentas y agresiones del tipo que sea y cumpliendo una serie de normas de civismo, iguales para tod@s. Ahora bien y como solemos advertir demagógicamente los profesionales de lo social, a ver cuando se acuerdan también de la supervisión y el control de los de arriba, dado que la poda por abajo lleva ya mucho tiempo instaurada (aunque necesaria).

Y si ya de paso, nos recuerdan que el montante total de personas perceptoras de esas ayudas ascienden a 55.000 y por tanto, las presuntas irregularidades ocuparían un 7,85% del total, pues estaríamos completando la información, creo yo. ¿Muchos casos fraudulentos? Pues sí, claro que si. Pero también tenemos constancia de que 48.000 personas pueden seguir formando parte de esta sociedad gracias a estas.