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Contención psicológica


Para empezar, diré que es el final.
No es un final feliz, tan solo es un final;
pero parece ser que ya no hay vuelta atrás.

Miedo de M-Clan.

Si nos oyera el magnífico José María Izquierdo , pensaría de nuevo que nos encontramos ante otro corneta del apocalipsis. Pero nada más lejos de la realidad. Un mero educador social que observa con escepticismo los últimos avatares de la profesión y los que formamos parte de ella. Profesionales que junto con los ciudadanos usuari@s de los servicios sociales ejercemos de protagonistas impasibles de este ruedo macroeconómico.

Hace unas cuantas semanas, esperaba pacientemente el autobús urbano de cada tarde y/o noche que me acerca hasta mi casa, cuando nos topamos con nuestra educadora social, compañera universitaria y amiga personal B. Parto de la base cercana y real, que además de todo eso, es una persona maravillosa de esas que impregna bondad y humanidad por los cuatro costados. Los que la conocemos damos fe de ello y los que no, les invito a que lo hagan. La recuerdo desde hace 16 años y jamás la he visto discutir, faltar ni estar de mal humor. Que no nos de miedo: hay personas de este tipo y debían estar tan protegidas por la Unesco como lo están otros patrimonios de la Humanidad.

Pasteleos aparte, mi querida B. después de los pertinentes besos y saludos de rigor me introduce sin quererlo en una perniciosa espiral de autodestrucción profesional: “ Con la que esta cayendo, ni tan mal. Todavía tenemos trabajo y virgencita, virgencita…que me quede como estoy ”. No debo reprocharle nada, ni a ella ni a nadie que comulgue con estos principios, pero el miedo que me da tener que darle la razón a aquel visionario empresarial , me aplatana sobremanera.

La profesión lo está pasando mal igual que lo pasan los ciudadanos de a pie y lo pasan otras profesiones. Se nota, se siente, la crisis esta presente. Podremos volver al origen si crisis económica, social o de valores, pero nuestra sociedad de Bienestar se está yendo al garete con más celeridad de la que nos costó fundarla. Desde la ética y el raciocinio, no desde el despilfarro. Desde la igualdad y la democracia de tod@s, no desde la tecnocracia y sus valedores los mercados. Ese fue el camino de ida y ahora estamos sufriendo el de vuelta. Vuelta no se sabe donde, pero parece que muy atrás.

Siento a compañer@s silenciosos qué esconden detrás de sus prudencias, me fijo en aquell@s otr@s y les intento abrazar con palabras, cuando asienten políticas y medidas antisociales que influyen decisoriamente en su trabajo diario. Debato tras bambalinas con much@s otr@s que no pueden dar la cara ni manifestarse libremente por el miedo a ser objeto de recelo, quedando su rostro fijado en la diana de su entidad, asociación o empresa.

Mientras, yo, medio desvestido y a pecho descubierto pero guardando la poca ropa profesional que me queda, intento respirar un poco de dignidad laboral, refugiándome en los compañer@s de residencia y viejos conceptos comunitarios que aún considero válidos y por que no, con suficiente margen de vigencia.

Ya lo decía un amigo mío: ahora ya nadie se cabrea , solo se indigna. Quizás esto de contenerse tanto psicológicamente, debamos de mirárnoslo.

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