Tags

Related Posts

Share This

TALIÓN

Mientras atravesamos la semana santa, el oscurantismo nazareno se ha colado en nuestra realidad social con una triste noticia, que por dejar de mencionarla no creemos que desaparezca. Parta nuestro más absoluto y sincero sentimiento de solidaridad y el mayor de los respetos para los familiares de Amaia Azkue, que aún no pudiendo recuperarla en persona, al menos la justicia ha intentado hacer su trabajo para reparar su pérdida

El caso atizaba nuestras consciencias, hace ahora poco más de un año, cuando una joven mujer de 39 años (Zarautz , Gipuzkoa) y madre de dos niñas, aparecía muerta y golpeada en un embalse. Meses más tarde y con la policía rastreando todas las pruebas y cercando al/los culpables, el joven Ander de Azpeitia se presentaba en la Fiscalía de Gipuzkoa con su padre y un abogado defensor para declarar su culpabilidad. Un día más tarde, cumpliría 18 años.

Son múltiples las conjeturas y las aristas que quedan al aire, en este y en numerosos casos de extrema violencia que se sufren, realizados por personas menores de edad. La justicia juvenil, lleva siendo tema de discusión permanente cada vez que ocurre un caso de este tipo, situaciones que crean inseguridad y alarma social y en ocasiones vislumbran privilegios y excesos de protección en los culpables.

Los debates, con expertos y sin ellos, sitúan el frente a ambos lados del conflicto y hacen bien en hacerlo, aunque personalmente estimo que el dolor y sufrimiento de una parte del mismo (la familia de la perdida) no puede equiparase al de la otra (la del verdugo/a). Asimismo, situarse y querer entender a la familia del agresor, posible víctima de un acto feroz de uno de sus miembros, es un ejercicio de equilibrio mental y moral, que difícilmente llegase a justificar los meses de ausencia de respuesta a ese crimen y las posteriores disculpas sociales o personales. La forma, un día antes de la mayoría de edad del asesino, cuanto menos, genera suspicacias y sobreprotección.

En tanto, el debate tanto profesional como ciudadano, se centra mayormente en la tarareada Ley de enjuiciamiento penal del Menor. Estaremos al tanto a la próxima revista de educación social (RES), a ver qué luz y posicionamientos nos arroja, ya que el maremágnum de casuísticas y realidades, hacen que perdamos la esencia o filosofía de la misma, en detrimento reduccionista de las penas.

Los grupos sociales, personas afectadas (vaya de aquí también nuestro mayor de los respetos y apoyo, aunque no compartamos con algunas de ellas sus posicionamientos) e incluso partidos políticos (tanto PP como UPyD) ya están trabajando en una reforma legal del código, para adaptarlo según ellos, a las nuevas circunstancias y realidades sociales tan cambiantes y por momentos, complejas.

Desecho por naturaleza humanística los viejos códigos latinistas (talio), hebreos (“ojo por ojo…..”), islámicos (Corán) o mesopotámicos (Hammurabi) y a los hechos me remito: En EEUU aún está vigente la pena de muerte y la misma no evita que por ejemplo esta semana un perturbado penetre en una universidad de Oackland (California) y acabe con la vida de siete personas .

Con la publicación de esta reflexión, aprovecho la ocasión, aunque sea esclavo de mis palabras, de declararme defensor de la ley Orgánica penal del menor en su extensión, resaltando su filosofía y trascendencia particularmente. Con ello no quiero decir, que no deba ser revisada y reformada consensuadamente por los agentes que la componen (juristas y expertos, principalmente), sobre todo en aquellos casos referidos a menores y su uso extremo de la violencia: asesinatos, violaciones y/o secuestros.

Hace años, tuvimos la oportunidad de entrevistar en Educablog al juez de menores de Granada, Emilio Calatayud. Una de las máximas que casi siempre repite en sus charlas es la de creer en la ley y luchar por sus potencialidades. No podemos echarnos las manos a la cabeza cada vez que no nos gusta una sentencia o un menor acaba siendo reincidente, formulando la excepción como regla general. Y menos aún, que los representantes políticos intenten legislar con prejuicios informativos, en clave de réditos electorales.

Hoy, me alegra saber que el abogado defensor de la familia de la víctima, declara sentirse relativamente contento y sereno, al saber que la condena impuesta a Ander, ha sido adecuada a la brutalidad de los actos cometidos, sin que la misma llegue jamás a reparar el dolor causado.