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Educador quejica compulsivo

Quizá pero sólo quizá sea injusto, de entre las múltiples sensaciones que despertó en mí el congreso, quedarme con ésta, pero aquí me hallo frente a la pantalla del ordenador recordando esa sensación que hace tiempo veo en nuestra profesión, en las y los profesionales que la forman, en mi mismo y que en el aún reciente congreso de Valencia volví a sentir como un Déjà Vu.

Primera sensación: No se nos valora socialmente, no se reconoce la importancia de nuestra labor.

Segunda sensación: Otros profesionales nos miran por encima del hombro a pesar de ser del mismo nivel académico.

Tercera sensación: Hace falta un relevo de los profesionales que tiran de los colegios profesionales y que se impliquen las nuevas generaciones de educadores.

Cuarta sensación: Formamos una profesión, a pesar de todo, poco cohesionada. Cada profesional se centra en su trabajo individual.

Quinta sensación: La formación que se nos da desde la universidad no responde a nuestro futuro cometido en la sociedad.

Sexta sensación: Entre nuestros formadores los educadores sociales son minoría.

Septima sensación: Nadie sabe exactamente de qué trabajamos.

Octaba sensación: Nuestro trabajo está mal pagado.

Novena sensación: Tenemos malos horarios.

Décima sensación: Los distintos profesionales opinan de nuestra labor pero nosotros parece que no podamos opinar de la labor de los otros profesionales.

Undécima sensación: Ante la fragilidad del estado del Bienestar formamos una profesión en riesgo de desaparecer.

Duodécima sensación: Los educadores somos unos quejicas compulsivos.

Nos quedan distintas opciones:

A) Resignarnos…

B) Seguir quejándonos…

c) ….