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Educador quejica constructivo

Discutir con uno mismo es un sano arte constructivo, desde ahí avanzamos, aunque a veces tengamos el día cruzado y hasta el siguiente amanecer no nos reconciliemos con esa otra parte dentro de nosotros mismos.

Cuando empecé a escribir Educador Quejica Compulsivo, tuve la duda de como enfocar el artículo, de hecho la primera idea fue dar la visión que actualmente tengo sobre nuestras quejas o reivindicaciones, pero según iba tecleando, me apeteció hacer algo diferente y hacer partícipes a quienes leéis estas líneas…

Me situé para ello en el rol quejica en el que yo mismo como Educador Social me he situado muchas veces, sobre todo retrotrayéndome a tiempo atrás, a mi niñez como profesional. La idea fue recopilar quejas habituales de las y los profesionales de la Educación Social y exponerlas desnudas, sin introducir opinión alguna por mi parte, para que quién leyera pudiera identificarse y tomar postura sin que mediará la del que escribe.

De este modo y como se ha visto tanto en el Facebook como en los comentarios, que agradezco desde aquí, hay una identidad quejica compartida en la profesión. Ahora bien, y teniendo en cuenta que las quejas tienen base en la realidad, quedarse en la queja resulta, cuanto menos, peligroso. No en vano corremos el riesgo de quedarnos encasillados en el rol de Educador Quejica compulsivo.

La queja es un inicio pero no ha de ser el final.

De hecho, yo siento cierto enojo conmigo mismo y con el resto de la profesión cuando no hacemos más que quejarnos sin poner un punto y seguido a la queja, sin darle la vuelta y sin tomar la iniciativa para buscar soluciones. No en vano, la proyección en los demás es una tendencia habitual para no afrontar la propia responsabilidad y el propio poder en el sentido de cambiar la realidad. Es decir, no debemos esperar que el otro jugador mueva ficha, debemos empezar nosotros por mover las nuestras de cara a empujar al otro a mover las suyas. Si sólo enfocamos en el otro, que dicho sea de paso, puede tener intereses más o menos cercanos a los nuestros, el avanzar se convertirá en un difícil sino en un imposible. Eso sí, nuestro rol quejica se vera reforzado y proyectado hacia el infinito.

Llegados a este punto, deberíamos preguntarnos si en verdad queremos desmarcarnos de este rol y tomar las riendas de nuestra profesión, ya que este hecho, no nos engañemos, también trae la contrapartida de tener que responsabilizarse e implicarse.

En este sentido, y tomando como ejemplo la sensación de cierta “quemazón” de los colegios, he de decir que es totalmente lícita, pero a la vez, que ha de acompañarse con iniciativas y acciones que tiendan puentes, que abrán dichas instituciones y que se sumen a otras iniciativas que estén dentro o no de los límites de los mismos. Esto no es un “o estás conmigo o estás contra mí“, la cuestión es buscar espacios, canales, medios para poder sumar entre todas las personas que formamos esta profesión, para fortalecerla y avanzar y todo sin esperar a que instituciones, personas de otras profesiones, sociedad, etc, muevan ficha por nosotros y nosotras.

De cada una de las quejas expuestas, y de las que no estén recogidas en el anterior post, han de salir iniciativas por parte del colectivo que avancen hacia su solución, buscando espacios de diálogo y de construcción entre los actores implicados.

La Educación Social, articulada en sus profesionales, ha de ganar en poder prescriptivo tomando parte y postura ante la realidad social, adquiriendo así una postura activa e intencionada que nos aleje del riesgo de servir a los objetivos de “otros” y al cacareado “control”.

Para finalizar, quisiera disculparme con las personas a las que hubiera podido irritar mi anterior artículo, a mi mismo me enfadó en gran medida, pero precisamente desde la discusión, desde la discrepancia, podremos avanzar, eso si, siempre y cuando tengamos la visión amplia, más allá de nuestra particular parcela de trabajo.

Por cierto, por si hubiera alguna duda, el que suscribe se declara Educador Quejica Constructivo.