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A SUS PIES, MAESTRO


Corría el año 1996. Primeros días de una carrera rara con gente extraña. No sabía donde ni con quien me metía, pero ya se sabe: si no haces la mili, te tocará madurar en otros contextos sociales o instructivos. La mirada ansiosa solo trataba de reconocer rostros cercanos del gran Bilbao o alrededores, para iniciar así un nuevo proceso amistoso que iba a durar tres años. Como buen pillo, me senté en las últimas filas, para observar a tod@s, sus movimientos, vestimentas y costumbres y de paso ocultarme entre la manada para con el tiempo dejar mis pequeñas perlas cómicas que tanto me habían caracterizado de niño.

Tú también llegabas perdido, desde frias tierras lejanas. Entraste en el aula como un caballero británico, sin sombrero de copa pero con un andar entre chulesco y gracioso. Luego tu sonrisa y cercanía, matarían tus andares y disfrazarían tu estatura física por tu grandeza personal. El señorío vitoriano lo llevabas a mucha honra, a pesar de las sempiternas bromas de la villa y sus envidias gastronómicas.

No se si por azar o por tu buen gusto, te sentaste en el ala este de las hormonas revueltas abducidas por el futbol, con las honorables presencias de Txipi Rodriguez, Raúl Luceño, Diego Perez, Jorge Martinez Tabernilla y un servidor. La parte dulce la formaban las chicas de Barakaldo principalmente: Miriam, Susana y Silvia.

Pronto se hizo notar tu impronta en el grupo, con poco o ningún conocimiento de futbol, bastante de música, alto de mus e inmejorable en las relaciones humanas, sobre todo con las del otro género.

Tu fuiste quien me llamó por teléfono para ofrecerme mi primer contrato profesional en el mundo de la educación social con una empresa alavesa de servicios y proyectos.

La última noche que compartimos, fue la de la cena de edus@s del 2009. Habías hecho lo indecible por atraer a la fiesta a más compañeras de Vitoria y en especial a Elena, que también estaba flojilla en esa época. Quedamos en la Plaza Moyua con todo el grupo antes de encaminarnos al Restaurante Abaroa. Cuando Txipi te vió llegar, no pudo contener la emoción y junto a un servidor , decidimos arrodillarnos y hacerte una reverencia más que merecida. El retorno del maestro, después de tantos intentos, se había cumplido.


Ya lo avisaba Txomin el de Arnedo, que estabas como hacía diez años atrás. O bien tenias un pacto con el diablo o te mantuviste en formol durante todo ese tiempo. Elegante, perilla bien perfilada y más sonriente que Jim Carrey en La Mascara. Nos hablaste de tus gustos por el baile y la salsa, de tus rutas patinando, de la Asociación con la que tanto y tantos años habíais luchado y trabajado juntos, hombro con hombro, de tu trabajo de educador social.

Dio tiempo a recuperar recuerdos, viejas anécdotas, chascarrillos, gustos y preferencias femeninas e incluso a bailar la cadeneta endiablada de Gabi. Te tomaste varias tónicas, porque aún te esperaba un viaje de vuelta a tu Siberia-Gasteiz. Nos abrazamos como hermanos y nos convidamos a una nueva cita en el tiempo: aun sin definir, aún por concretar.

Sé que luchaste como un jabato, aunque me he enterado tarde. Me consta que intentaste venir a mi despedida de soltero aún estando muy débil, ya que este cabronazo no se podía quedar sin despedida y sin tu presencia. Brindaríamos juntos por la vida y por la gente, porque dos animales sociales solo tienen sentido si están con otr@s, con tod@s, compartiendo.

Ayer fui a visitarte a Vitoria, como tantas y tantas veces me habías invitado. Allí estabas, con el sol sobre tu cabeza, con una sonrisa de oreja a oreja y marcando el símbolo de victoria con tus dedos. Eso es lo que eres y eso es lo que serás: Un maestro. Uno más que gana el cielo.

P.D. Cuando nos volvamos a ver, no dudaré en recordarte la devolución de los apuntes que me pediste de 3º. O sino, tomamos unas cervezas y todo en paz, vale ?

Disculpa amigo, que si me arrodille ” Groucho Félix Marx