Tags

Related Posts

Share This

DETERMINISMO ASISTENCIAL (Segunda parte)

En una profunda e interesante entrevista a Iñigo Lamarka (Defensor del pueblo vasco- Ararteko) este pasado Domingo en El Correo, este reflexiona sobre los controles y lupas administrativas que de un tiempo a esta parte se han colocado en los Servicios Sociales autonómicos y municipales, en aras de limitar el posible fraude de las Rentas de Garantía de Ingresos (RGI), cifrado en Euskadi en un 10% de los casos, de los mas de 60.000 perceptores: “ Sería deseable que ese esfuerzo contra el fraude se hiciese en todos los campos: las facturas con IVA y sin IVA, los contratos laborales, las domiciliaciones para escolarizar a niños en ciertos centros…”.

No le falta razón y es más que sabido y denunciado que los problemas y origen de la crisis macro-económica poco tienen que ver con este desajuste que antes mencionábamos. Pero siendo cierto, que malos gestores políticos, bancos subvencionados, empresarios voraces y un mercado globalizado plagado de especuladores son los verdaderos culpables y artífices de este roto sin costuras, no justificará que en ciertos ámbitos de lo social existe y ha existido una serie de individuos o familias, que se han aprovechado injustamente de unas garantías solidarias conseguidas y sufridas entre tod@s.

Nuestra capacidad de autocrítica como profesionales de la intervención social, nos debe llevar por ende a una defensa de la justicia social que tanto proclamamos y protegemos, no mirando a otro lado mientras unos pocos se aprovechan de los desajustes y descontroles de las administraciones y por ende, del propio estado del bienestar en si mismo. Sería de recibo, tal y como se lleva desarrollando desde hace casi una década en Estados Unidos (Freire me libre de defender otros postulados socio-políticos de la patria de las barras y estrellas) que las personas o individuos capacitados para una búsqueda activa formativa o laboral, pudieran desarrollar labores comunitarias de manera solidaria y constructiva mientras reciben contraprestaciones económicas o subsidiarias en periodos de urgencia o necesidad. Alejándonos de la eugenesia, del enguetamiento o las obras cívicas esclavistas de tiempos remotos y fomentando un desarrollo social y personal en la ciudadanía que palie de alguna manera ciertos mitos no resueltos.

Una sociedad justa y solidaria es aquella que desarrolla y fomenta la actividad conjunta entre sus ciudadanos, buscando sinergias de servicios y contraprestaciones en uno y otro sentido, alejando paulatinamente el asistencialismo caritativo y la exigencia irresponsable de derechos con ningún tributo a cargo, en forma de deberes o demás.


No caeremos en el pesimismo reinante ni el alarmismo injustificado de la generalización, el control social como mecanismo de fricción entre los agraviados de la crisis, ni la caza al necesitado. Para eso ya surgió Educador social en Alaska: año 2099, parodiándolo como es menester. Pero trabajar en exclusión, significa también justificar y defender a ultranza a la ciudadanía que se encuentra a las puertas o en plena fase de desarraigo, con vistas a darle la vuelta a esa situación traumática, evitando la cronificación de la misma y por ende, el perverso juego de las tablas de debes y haberes con el mismo resultado en la calculadora ya clavado, como si de unas agujas del reloj vetusto se tratase.

Hace años, aparecía en la prensa local una noticia sobre los Servicios Sociales municipales de una ciudad situada entre Arrigorriaga y Bilbao, en la cual resumía la memoria anual de dicho servicio. Muy bien desarrollado y justificado el artículo, con datos y números redondos. Al finalizar la noticia, el último párrafo decía algo así como: “ De las 690 familias que han percibido las ayudas sociales este año, se ha recibido en el servicio 1 tramitación de devolución de las mismas, ya que la situación de sus miembros había mejorado suficientemente para prescindir de ella ”.

La Educación social debe seguir luchando y defendiendo que este caso, no es el único y debe servir como referente. Por que cualquier persona de hoy en día, puede verse dependiente en un momento de sus vidas y necesitar de esa caja común solidaria, y en su momento, deber ayudarles a gestionarlo sin tener que decir aquello de que “ la caja esta vacía, vuelva usted mañana ”.

Y es que como ya ejemplificaba en un adagio el principio de Hanlon: “ Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez ”.

Ilustración: Edward Hopper