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ALICIA EN EL PAIS DE LAS PESADILLAS

Nuestra historia de hoy, trata de una joven que vivía jovial y plácidamente en una ciudad rural post-moderna del siglo XXI. Alicia vivía felizmente encerrada en un cuerpo juvenil, mientras su mente se evadía en menesteres más infantiles y acordes al contexto reducido en el que se hallaba.

Una familia feliz con un núcleo duro, enraizado en base a un matriarcado dado, por acontecimientos previos no deseados y ausencias sentidas pero lejanas. “ La familia unida, permanece unida ” y más aún si cabe en la antropología vasca, donde la madre tierra (diosa Mari – AmaLur) nos da cobijo y manto de protección en la amplitud del término.

Pero lamentablemente, existen momentos tan duros en la vida que lo que hoy es verde, se tiñe de negro en un fatídico segundo, minuto, hora o quizás día. Momentos sin marcha atrás, donde la medicina actual aún no puede dar respuesta oportuna y que se lleva tras de sí a todo aquel que se encuentra en el camino: buen@s, mejores y superlativ@s.

El protectorado feliz y reposado en el que había crecido y pasado buena parte de su vida, se desmorona frente a ella, hasta el punto de quedarse acompañada por escasos miembros, como un naúfrago en el océano. Sin rumbo, con un barco tripulado por gente adulta desconocida y con una lejana isla añorada en el horizonte.

Se aferra a su sueño del pasado pensando en un futuro como antaño. Su edad biológica le ayuda de alguna manera a respirar estos últimos años de residencialización, aunque en ocasiones se asfixie en las normas y en los efectos colaterales de la convivencia.

Sus reflexiones semanales, aunque inmaduras en las formas, son de un contenido pedagógico extraordinario: “ Mi semana ha transcurrido bien, excepto por el hecho de estar en el hogar ”. No, no teman. No es un odio a las personas (profesionales ni compañer@s) ni una condena a la que se enfrenta resignada. Aunque cueste creerlo, campa a diario por los pasillos como un saltimbanqui circense y con una sonrisa de oreja a oreja que le han valido el apelativo de Feliciana.


Es la herramienta psicológica que se ha tenido que fraguar, para dar sentido y fuerza a su vida, ya que de esta manera su arraigo no pierde vigencia y por muy bien que conviva y disfrute en un hogar de acogida, jamás será como su vida pasada en familia.

El afirmar o valorar los pros del presente (además de lo costoso que resulta para cualquier adolescente), sería de alguna manera ir tirando los naipes de aquel castillo familiar del que partía, del cual formaba y formará parte de por vida.

Querida Alicia, sigue luchando y sigue soñando. Porque eso no te lo va a quitar nadie, ni el más triste e indeseable suceso, ni la más querida y sentida ausencia.

Ahora bien, en este camino de maduración que tan correctamente estas sobrellevando, reflexiona un momento y trata de no confundirte: aquellos sueños que no son tan felices como antes, no tienen por qué ser siempre pesadillas.

Dedicado a Mer y Ana, esperando que les guste …pero no lloren.