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INDIVIDUALISMO RICO, INDIVIDUALISMO POBRE

Joven y bisoño, por momentos me entran ganas de pensar que ya lo había visto y oído todo, y poco o nada lograba llamarme la atención como novedoso, cuando de repente una conversación cuasi-trivial de la calle me hace alzar la vista y cerciorarme que estos tiempos son más duros y difíciles de lo que pensaba. Crisis de valores, dan en llamarlo.

Este último, fue lógicamente, uno de nuestros cuatro pilares básicos analizados en relación a las pasadas Jornadas Junas (Juventud y Participación social) de la mano del Movimiento Anfibio en la Universidad de Humanidades y Educación de Burgos . Menos mal que esta bisoñez nos hace desafiar a las leyes de la lógica cuántica y sociológica, argumentando que tanto los jóvenes como los adultos estamos surtidos de valores y la falta es solamente en la práctica.

Volviendo a la calle, dos hombres de unos treinta y pico charlan asustadizos en clave de esperanza y resoplando entre las cuatro líneas que articulaban a trasladarse. Uno de ellos felicitaba al otro cual agraciado de la Loteria, debido a la no inclusión de este último en el ERE de su empresa. 200 personas a la puta calle, sin derecho a entrar el último día a su puesto de trabajo, cancelándoles la tarjeta de acceso a las instalaciones y acompañándoles a sus taquillas con la inestimable compañía de una persona uniformada con una porra de goma como animal de compañía. De haber sacado una instantánea del momento, pareciese que en el aire sobrevolara una pancarta con el célebre: Sálvese quien pueda.

Antes era distinto: Fuimos ricos precoces, con coches prestados y casas descomunales. Desgobernados desde las administraciones autonómicas, provinciales y municipales (vamos a perdonar a Aznar que tenía prioridades logísticas de otra índole y a Rodríguez Zapatero por su pésima previsión numérica) bastante teníamos con ocuparnos de nosotr@s mism@s y las vacaciones de verano (que solían durar todo el año, excepto el mes de temporada que tocaba justificar el resto).

No fue despilfarro social, ni sanitario ni educativo. Lo sabemos tod@s , igual que sabíamos que en Irak no había armas de destrucción masiva ni que las vacas gordas iban a durar para siempre. Era nuestro ego, el traje mejor guardado del diván, el que nos prestaba y hacía pensar en un@ mism@ más que en el colectivo, más que el común, más que en lo global, más que en lo de tod@s.

Lástima que el individualismo fuese el mismo, aunque con traje de marca. Ahora nos vestimos con un chaleco salvavidas, en cuyo agujero solo cabemos un@: o tú o yo. Finalmente aún no sabemos, cuantos llegarán al bosque encantado del pasado. Para no acabar mal, pensaremos que quizás no este todo perdido y después de la maleza, haya luz al final del camino.

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