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Bufones, brujas y videojuegos

Desde que en 1989 adquiriera mi primera consola de videojuegos, mi flamante Sega Master System, por estas fechas navideñas, sobre todo cuando mis vacaciones estudiantiles me dejaban más tiempo, aprovechaba para jugar a algún juego regalado por esas fechas, y ya con la aparición de los primeros “achaquillos” de la edad, aprovecho este tiempo más reducido para jugar a clásicos con los que pasara momentos emocionantes.
Sirva de ejemplo una recopilación de juegos de Sonic a las que abandoné mis manos una tarde de la semana pasada…
Sirvan otros viejos conocidos como Tomb Raider, Final Fantasy VII, u otros más actuales como Ico o shadow of the colossus…

Desde el inicio tardío de mis incursiones en el mundo del videojuego, acompañaron a mi afición, cuál banda sonora pegadiza y recurrente las denuncias, los prejuicios y las injurias contra lo que para mí era una válvula de escape y un divertimento sin malicia. Se diría, que bajo mi inocente imagen de un “jugón gafoso” se escondía un psicópata asesino como el ya recurrente “asesino de la Katana”, joven asesino influenciado por la octava parte de la saga Final Fantasy.

Yo desde un inicio, me preguntaba…¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Hoy en día, resulta más habitual escuchar adjetivos impensables años atrás como videojuegos educativos o videojuegos y seriedad o el oír hablar de los videojuegos como el octavo arte. Al fin y al cabo, no es “Mordor” lo único que se extiende en la “tierra” de los videojuegos, existe luz en sus píxeles, en sus renderizados o en sus polígonos.

No en vano, detrás de tal despliegue audiovisual están personas de carne y hueso, con sus luces y sus sombras, con sus contradicciones, con sus valores, con su intencionalidad o con su sumisión y este hecho es común a otras disciplinas, a otros “artes” como pueda ser el cine.

En relación con esta última idea, me ha interesado sobre manera un artículo que hace tres semanas calló en mi red de “Google Alerts” sobre el proyecto sobre “Los videojuegos como herramienta docente para la historia del cine: el proyecto “Gameplaygag”

“El proyecto plantea una nueva forma de enfocar la docencia sobre medios audiovisuales, concretamente sobre la historia del cine, a través de la edición de vídeos online a pantalla partida (…) a fin de acercar a los alumnos una serie de conceptos estéticos, históricos y estructurales de modo dinámico e innovador, promoviendo la reapropiación de imágenes en Internet como herramienta docente.”

En el artículo de Manuel Garín Boronat me resulta muy interesante el paralelismo que plantea entre el cine y los videojuegos, indicando como existe una similitud en la historia de ambos, habiendo claras coincidencias por ejemplo entre las películas mudas y los primeros videojuegos, en los que predominaba la intención de sorprender al espectador huyendo de las complejidades de complicadas tramas o de diálogos enrevesados…

“Los espectáculos de variedades, atracciones, circo o vodevil se entremezclaban con el hecho cinematográfico, caracterizado por una impureza arrolladora que compartirían, casi un siglo después, las heterogéneas salas recreativas de finales de los setenta y comienzos de los ochenta, en las que cabe situar el origen social de los videojuegos.”

Todo lo relatado, me hace pensar que si bien en un principio la proclamación del octavo arte a los cuatro vientos pudiera parecer pretenciosa, quizá quién lo proclamara hace tiempo en el caso del cine fuese de igual modo tildado de loco, de bufón o de “payaso”…

Huelga decir, que esto me suena al miedo a lo desconocido… al camino fácil de la demonización de las disciplinas noveles (como pasa con cierta profesión…) o a la infinita caza de brujas carente de razonamiento…

Es probable del mismo modo, que aquellos que condenaron las redes sociales en sus inicios, hoy sean acérrimos defensores de sus aplicaciones a golpe de tuits.

Por mi parte, me están entrando unas irreprimibles ganas de echar una partida a Braid , videojuego con el que se puede ejercitar el seso más que con alguna publicación de gran “prestigio” y concluyo con que…

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos.”

Sófocles

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