5 PROPUESTAS DESDE LA EDUCACIÓN SOCIAL PARA EL ACOGIMIENTO RESIDENCIAL

Se ha iniciado un nuevo año y nadie iba a garantizar que nuestra profesión lo empezase con buen pie. Ni el más optimista del lugar, firmaba buenas nuevas sobre el nuevo calendario que acontece. Al contrario, pareciera cumplirse aquello de que “ para con Dios, hay que tener (sujetar) por el carro ”.

La noticia saltaba a los medios de comunicación en estos días navideños. Fue cogiendo fuerza según pasaban los días y la información se agrandaba con comparecencias oficiales y el consiguiente ruedo de dimes y diretes. Del ámbito local (Toledo), al autonómico y de ahí al estatal. Más amplitud, más ruido. Más conjeturas, más opiniones, más culpables. Menos verdad, menos soluciones.

Fui leyendo y siguiendo la noticia de cerca, con el mayor número de referencias y partes implicadas posibles. Supongo que lo habré heredado del periodismo sin saberlo, pero en mi trabajo diario es el pan de cada día: ir a las fuentes, contrastarlas y surfear entre la información para dar con la versión más objetiva o veraz (si es que de verdad existe).

Cuando surgió la idea de realizar este artículo, tuve una cosa muy clara desde el principio: la educación social tenía y tiene que plantear soluciones. De denunciar a los culpables (con mayor o menor acierto) se ocupa la prensa, de investigarlos la policia y de juzgarlos la justicia.

El fatal accidente y posterior fallecimiento de una niña tutelada por la Junta de Castilla y la Mancha, es a todas luces una situación desagradabilísima, provocada por una cadena de infortunios con un indeseable desenlace.

La educación social, como parte implicada en el entramado organizativo e institucional (vivía en un hogar residencial, supervisada por profesionales) debe hacer una reflexión profunda y reclamar que los distintos desajustes que pudiesen haberse dado, tienen visos de verse mejorados con una mayor planificación, inversión e implicación de todas las administraciones y profesionales, para que situaciones y casos de este tipo (que se dan y se siguen dando entre nuestros niñ@s y jóvenes tutelados o en situación de guarda) no se vuelvan a producir.

Son muchas y variadas las casuísticas, pero alguna de las propuestas son afines y generales a todas las CCAA:

1. Cumplimiento integro y responsable de los distintos decretos de acogimiento residencial y procedimientos de actuación

Los servicios residenciales se están viendo mermados y recortados sobremanera desde la llegada de la crisis económica. Menor número de profesionales atendiendo y supervisando las actividades o dia a dia de una cantidad elevada de menores en situación de conflicto familiar o riesgo de exclusión social, supone una merma y dejación en un servicio de extrema sensibilidad e indefensión.

2. Mayor trabajo preventivo y de acompañamiento familiar

Los menores tutelados tienen un origen y en la mayor de las veces un mismo fin: la familia. Entroncar la idea de que un proceso de guarda o tutela viene marcado por unas dificultades (veremos si son crónicas o temporales) sociales y contextuales que imposibilitan una correcta convivencia en el ámbito familiar.

Proteger al menor, sabiendo desde el inicio de donde viene, adonde irá, porqué y en la medida de las posibilidades, hasta cuando. Hacer a la familia participe y protagonista de ese proceso, que no es de separación, si no mas bien de reparación.

Si, lo sé. Son muchas las familias que tienen dificultades o no ejercen como debieran las obligaciones parentales, siendo finalmente los hij@s quienes sufren las consecuencias, saliendo de su entorno. Por eso es tan o más importante trabajar con las familias y para las familias, mal que les pese a algunas de ellas.

3. El sistema de protección empieza en las instituciones y acaba en el propio protagonista

Las instituciones competentes y encargadas de la protección a la infancia deben apostar firmemente por dichas políticas asistenciales y educativas. Desde los años 80, son las administraciones provinciales, diputaciones y CCAA las encargadas por velar de este cometido y aún encontramos responsables de programas y políticos a los que dichos recursos les vienen dados más como una carga que como una creencia.

Si tod@s creemos en una idea grande de sistema de protección y remamos en el mismo barco, el navío podrá llegar a muchos más puertos de los que se pensaba en origen.

Educar es responsabilidad de tod@s: desde el jefe de policía que da la orden de búsqueda de esa menor en cuanto se pone una denuncia por desaparición, la familia como hilo conductor con el/la menor protegid@, la escuela que conoce la historia personal y educativa del sujeto, el psicólogo que acompaña el proceso emocional del mism@. Desde el médico de cabecera diario hasta los educadores del centro pasando por los compañer@s del hogar, concluyendo en la persona que se marcha irresponsablemente sin consentimiento adulto, descuidando así su propia protección.

4. Contratación de personal cualificado, con unas condiciones dignas de trabajo (salario, jornadas laborales…) y formación continua

Un servicio de calidad y mayor seguridad, se hace con profesionales formados a tal efecto. Si el intrusismo histórico pareciera haberse limitado gracias al surgimiento paulatino de los Colegios y Asociaciones profesionales , no es menos cierto que la merma en las condiciones de trabajo y la rebaja en las categorías profesionales es una realidad palpable a dia de hoy que solo dinamita el estatus de esta profesión y limita la capacidad profesional de l@s que la ejercen.

Respetando las figuras profesionales del animador@, cuidador o auxiliar educativo (incluso traductores) : somos educadores sociales y trabajamos de ello. Nuestras condiciones laborales son inherentes a dicho grupo profesional. Y llevamos explicándolo y luchándolo demasiados años como para que se desaparezca en un abrir y cerrar de ojos, ante políticos pasivos o gerentes voraces disfrazados de altruistas.

Llevo 12 año trabajando con niñ@s y jóvenes, principalmente en acogimiento residencial. L@s chic@s con los que compartí mis primeros años profesionales se parecen en poco o casi nada a los actuales. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Reflexionando, compartiendo, debatiendo y aprendiendo, creo que podré ayudarles mejor en mi tarea profesional diaria.

5. Mayor implicación y responsabilidad de los agentes educativos

Queda dicho anteriormente, que educar es responsabilidad de tod@s; pero profesionalmente hablando nos corresponde a unos agentes concretos. Mientras seguimos peleando por crear y coordinar una red constructiva y eficaz que nos permita aunar en una misma persona y un mismo caso, todas las perspectivas y líneas de acción necesarias para el buen desarrollo personal del sujeto (social, emocional y educativo), no debemos delegar nuestra responsabilidad en la derivación.

La acción y en muchas ocasiones intervención socio-educativa, requiere premura e inmediatez. La suficiente para dar respuesta a conflictos o deficiencias que no pueden esperar más, ya que quizás no tengamos segundas ni terceras oportunidades, perdiéndose así en el limbo niñ@s y adolescentes que en origen partían desorientados y ahora navegan a la deriva en un mar institucional, sobre el papel de protección social.

Ilustración: Robert Adams