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La tramoya: “Descubriendo la otra cara del Congreso”

Junto a la crónica publicada ayer, de carácter más periodística, más descriptiva, referida a lo sucedido en el Congreso de Educación Social celebrado, justo en estas fechas, el pasado año en Valencia, hoy dejamos un hueco al texto que la complementaba. Unas letras más reflexivas y/o emotivas, que, de alguna manera, surgieron (también para la revista Cuaderns) derivadas de todo lo vivido en aquellos días valencianos. Esperamos que las disfruten.

Leo__Bassi

Volviendo a Bilbao. En medio de ninguna parte, con los huesos molidos por la espuma de baja densidad de los asientos del autobús, un café nos templa el cuerpo. Pasamos al lado del amigo Cosme que comparte tortura con nosotros, doble tortura a juzgar por el discurso “Castrista” de la señora del asiento de al lado. Fuera la brisa de la madrugada nos trae los ecos del Congreso y Raúl y yo, aunque cansados, sonreímos sin esfuerzo.

Las sensaciones sentidas durante esta intensa experiencia han sido innumerables, destacando, aunque suene a tópico, las relacionadas con la gente, con las personas que han habitado el ecosistema fugaz del evento. Viejos y nuevos amigos, conocidos y desconocidos desvirtualizados, propietarios de caras que quedarán en la memoria del Congreso de Valencia.

Todas las educadoras y educadores sociales nos ponemos cara y voz, opinamos, criticamos, pero sobre todo construimos, es decir, nos ponemos en marcha para mover la profesión, para agitarla por medio de acciones concretas. De aquí surge el proyecto de un libro, se fortalece el brazo cada vez más fuerte y necesario de la Educación Social en la Red, se concretan formaciones, se encargan artículos para revistas como la que nos ocupa, se atan entrevistas en blogs… Sin esta parte, el Congreso no tendría razón de ser ya que sería como un gran cascarón reluciente, vacío y hueco.

La reflexión sin acción, las ideas sin proyectos, la profesión sin las personas, no tienen sentido. El congreso camina con los pies de todas las personas que trabajamos, que somos educadores sociales más allá de este punto de inflexión. Así se van tejiendo las redes que marcan el presente y el futuro de la profesión, que tienen caras, manos y pies.

Antes de redactar este artículo estuve echando un vistazo a los ecos del congreso en espacios web de amigos, entre los que se encuentra Noelia Muñoz que dirige el atinado proyecto EdusoTV. Me detuve en la entrevista a Leo Bassi con la participación del gran Vincent Faubel, que en una entrevista entre bambalinas, anunciaba lo que iba a acaecer en el interior del Auditorio esa noche.

Yo no sé si me haría miembro de la Iglesia “Patólica”, fundada por el autoproclamado “bufón” por tradición familiar. Ni siquiera sé sí me gustó su espectáculo, pero lo que sí sé es que me removió, me agitó y esa es precisamente la dirección que le presupongo a la Educación Social. Leo, como artista, sigue un camino que en muchos momentos se une al nuestro como educadores sociales.

“Hay que mantener siempre abierta la ventana de la utopía”, dice en la entrevista. “Existen relaciones que van más allá de la cuantificación material, hay valores y la educación lucha por valores al igual que la cultura”. Me descubro ante el señor Bassi por la sensación de positivismo, de lo contagioso de su optimismo. Sólo desde la fe se puede construir, fe en lo que hacemos, eso sí, no fe ciega que puede arrastrarnos a acometer la función controladora, sino fe activa, crítica e intencional. La Educación Social necesita de profesionales que crean en lo que hacen y, por tanto, transmitan el gran valor de su acción.

Del Congreso me queda claro, con todo, que formamos una profesión llena de emoción y sentimiento y me alegra, porque eso quiere decir que nos queda mucha vida y que no corre horchata por nuestras venas, si no un deseo imparable por ser mejores, por cambiar, por buscar, por creer que podemos y, en este sentido, como se recoge en el mural de los deseos que vistió las paredes del Palacio de Congresos en su último día, “si la vida no te sonríe, hazle cosquillas”.

Pues bien, yo me apunto a hacerle cosquillas y aunque dudo de que la solución pase porque un Educador llegue a presidente, como indica otro comentario anónimo, aboguemos por lo menos por que cada una y cada uno de nosotros presida su propia práctica educativa.

Después de disfrutar de una rica cena en la parte vieja y de tomar unas cervezas, salimos del Home Youth Hostel Valencia con las maletas brincando por encima de los adoquines, cogemos un taxi y llegamos a tiempo a la estación de autobuses. Mientras ascendemos por la empinada escalera con nuestro amigo Cosme, aún llegan a nosotros los ecos de los tweets que cierran el Congreso en la red: “@MarimarRoman: #congresoeduso nos vemos en la red 😉 vamos gritemos nos vemos en la red, la red también existe”.