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Fuerza compañera

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A continuación, os dejamos con un artículo que fue publicado la semana pasada en varios medios y que ha sido firmado por 64 profesionales de la Intervención Social para mostrar su solidaridad con la compañera agredida.

Sería irresponsable por nuestra parte no usar esta tribuna que se nos brinda para hacer llegar todo nuestro apoyo a nuestra compañera, a su familia y a sus compañeras de trabajo.

Su juventud no le ha impedido ponerse delante de una profesión como la educación social, que representa, lo que en muchas ocasiones, la sociedad no quiere ver y trata de ocultar. Su dedicación y esfuerzo profesional estos años, estamos seguras, ha ayudado a muchas personas a salir adelante. Como profesionales del sector, nos sentimos especialmente conmocionadas. Hechos de esta naturaleza solo nos enfrentan a la fragilidad de la condición humana. El agravante machista, hace si cabe más espantoso el suceso, pues es una doble condena a la que las profesionales pueden verse sometidas. Aun así, a nadie se le puede ocurrir pensar que eso aparta o amedrenta a las compañeras, de la buena labor que vienen realizando.

En este suceso hay otra víctima que solo se comenta de pasada; la persona usuaria del centro. Queremos pensar que ante hechos tan graves, y teniendo en cuenta que sus lesiones eran de menor gravedad es por ello que su relevancia mediática ha sido menor. Pero nos parece importante poner en valor su presencia en estas líneas, y por ello deseamos lo mismo que a nuestra compañera, una pronta recuperación y nuestro apoyo para él, sus familiares y amigos.

Durante los días posteriores a este triste suceso, hemos presenciado un baile de declaraciones más o menos acertadas, más o menos decorosas. Pero sí que nos parece que han sido alentadas a merced cada cual de un aire interesado. Aquí está todo inventado, tanto las entidades, los sindicatos, las instituciones públicas como el vecindario han de jugar su papel. Pero ¿qué opinan los profesionales del sector? En esto, como en otras muchas cosas habrá tantas opiniones como bocas. Es posible que las personas que están en la primera línea de atención no llenen tantos titulares como otros agentes, si bien es cierto nos parece importante recalcar que su voz es de las más cualificadas.

Se nos ha llamado en estos días cuidadores, monitores, asistentes… Somos educadoras y educadores sociales, y al igual que nuestra compañera, con años de formación y experiencia. Somos profesionales, no somos voluntarios, ni personas que hayamos consagrado nuestra vida a nada. Defendemos la fuerza de la educación como motor de cambio en nuestra sociedad desde muy diversos ámbitos de intervención. Fundamentamos científicamente todas nuestras intervenciones, en herramientas y estrategias diseñadas para fomentar dicho cambio. Que nadie se lleve un engaño, llevamos las espaldas bien curtidas de saberes y de praxis. Vemos la cara más dura y amarga de la vida, pero nuestro trabajo trata de dar oportunidades, de cambiar y de salir adelante. Lo que ha ocurrido aquí, no tiene que ver con la tarea que realizamos, tiene que ver con las condiciones en las que lo hacemos.
Es cierto, que situaciones como esta no se dan habitualmente. Pero en la memoria de muchas de nosotras está el asesinato de “Auxi” en Zamora hace ya una década. Por suerte no hemos tenido que lamentar hechos tan fatales como los vividos en aquella ocasión. Sabemos que es una profesión expuesta a situaciones de estrés, y de violencia, física, verbal y/o sexual, pero no es la norma en la mayoría de centros o servicios. Dicho esto, habrá quien se rasgue las vestiduras, pero es la misma violencia que se da en otros puestos de trabajo con el agravante de que ello no es tenido en cuenta por las instituciones de ninguna manera. ¿Un docente, o un sanitario están sometidos a violencia? Sí, pero no debemos olvidar que la estructura de sus centros de trabajo, sus derechos laborales, y su fuerza como profesión son garantía de una seguridad que nosotras las profesionales del tercer sector no tenemos a día de hoy y que ansiamos enormemente.

Como en otras profesiones, hay sectores de intervención donde se dan situaciones más complicadas. La salud mental, la exclusión social, la infancia, son escenarios muy complejos de trabajo que no han de ser sintetizados irresponsablemente. Lo que en ellos sucede no puede ser explicado con generalidades sacadas del libro de los prejuicios sociales. No podemos establecer donde hay mayor o menor grado de violencia. Si es posible indicar que existen situaciones de mayor urgencia, de mayor gravedad, de mayor dolor, pero la violencia está relacionada con la persona que la ejerce no con su situación de necesidad, otras en la misma situación no reaccionan de la misma manera. Con tristeza, muchas veces comprobamos en nuestra práctica profesional que el mayor grado de violencia se da por parte de la sociedad, ya que trata de invisibilizar a muchas personas que no entran en los parámetros sociales de la denominada “normalidad”. En un momento en el que todo se mide por el coste económico, los profesionales de este sector abogamos por medir el coste humano que tendría no atender servicios tan dispares como la atención a la infancia, la discapacidad o las personas sin hogar.

En el fondo de este asunto se encuentra, no la idoneidad de estos servicios, o de esta profesión, tal vez si acaso la bajeza de la condición humana. Pero en el fondo de este asunto se centra en hacer hincapié en las condiciones en que realizan en este sector su trabajo 3500 profesionales, solo para Bizkaia. Las soluciones pasarán en todo caso por valorar correctamente cuales son los riesgos reales que corremos y qué medidas de seguridad se deben de tomar para evitar que hechos como estos se repitan, o bien saber qué capacidad de respuesta existe desde las instituciones públicas ante situaciones de máxima urgencia en los servicios subcontratados.

Con todo este panorama, miramos con recelo, los recortes que en el sector se están sufriendo. Porque estos solo deterioran más si cabe las condiciones de nuestro trabajo. Nos referimos no solo a temas de salario y jornada si no también a temas de salud, de prevención de riesgos laborales y de ratios de atención. Resulta necesario realizar estudios de nuestros riesgos más allá de la posibilidad de sufrir un incendio en nuestros puestos de trabajo. Hechos como los que nos traen hoy aquí no pueden volver a repetirse y es responsabilidad de todas que así sea. Es la nuestra una profesión viva, es una profesión que espera devolver la dignidad a todas las personas. También a nosotras. Fuerza compañera.

Educadoras sociales, profesionales del sector y profesorado universitario:

Marta Ruiz Narezo
Javier Pérez Hoyos
Soraya Guerra Fernández
Miren Yenes Howes.
Patricia Sanchez Prado.
Ainhoa Gonzalez de Artaza Prado.
Jesus Barrio Bustinza.
Josune Ortego.
Nuria Calvo Garcia.
Ainara Corral Allende.
Rosa Aurora Morgado Prado.
Raquel Heras Cruz.
Nerea Candel Funes
Maria Villaescusa Peral –
Ianire Fonseca Peso –
Tamara Hernandez Javo
Beatriz Askaiturrieta Olabe
Arrate Alonso Goirigolzarri
Paula Frías González
Vanesa Viñuela Través.
Laura Alonso Maestre.
Olga Dehesa Sebastián.
Sherezade Osaba Pajares.
Maria Mercedes Gonzalez Esteban
Ohiane Mencia Garcia
Arantza Aguirre Crecente
Ikerne Etxegarai Mendoza
Asier Felix Losada
Leire Olondo Pico
Amaia Bartolome de la Montaña
Raul Luceño Caro
Lorena Junquera Villacorta.
Zuriñe Vazquez Pablos.
Roberto Ruiz Anton.
Natalia Gancedo garcía.
Ana Santamaria Sebastian.
Vicky izquierdo Huidobro.
Angel Escalante Peinado.
Amaia Salcedo Gonzalez.
Maite Buitron Etxebarria,
Estibaliz Jarauta Martín,
Mikel Filgueiras Garcia,
Marimar Gutierrez Lavín,
MoniKa Casquero Aginaga, .
Ameli Landeta Ariño,
Maider Colorado Góngora,
Olatz Urbieta Rodriguez
Ibai Fernandez Berrizbeitia
Rosa Santibañez Gruber
Teresa Laespada Martínez.
Josu Ortega Montero
Gloria Iglesias Jimenez
Inmaculada Vázquez Bolaños
Pilar Ruiz de Gauna Bahillo
Mª Carmen Robredo Roldan
Celia Ramos Anton
Mª Angeles Silva Rodriguez
Leyre Gomez Lambarri
Rocio Cara Gonzalez
Izaskun Sarabia Gonzalvo