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UN ARCO IRIS DIFUMINADO

UN ARCO IRIS DIFUMINADO

Ya estamos de vuelta. No, no piensen que nos hemos ido. El Planeta Educablog sigue orbitando alrededor de la eduso-galaxia, con distintos collares, trajes y proyectos, pero siempre al frente con los mismos cánidos. Pronto verán en que andamos metidos, aunque las novedades prometen y mucho.

En estos meses han sucedido un montón de cosas. Agradables unas, y otras, las menos, terriblemente dañinas, física, anímica y emocionalmente.

Quiero incidir en estas últimas, muy a mi pesar, para intentar explicar algunas sensaciones (quizás realidad, quizás prejuicio) que han brotado a raíz de las mismas, aunque históricamente formen parte de la conciencia colectiva del tercer sector de una forma u otra.

Las dos últimas muestras sociales de compromiso y repulsa en las que he participado, tenían que ver con las agresiones y muertes habidas con diversas mujeres en la villa de Bilbao. A una educadora social como bien sabeís y a otras dos mujeres vinculadas de alguna manera a la educación social por medio de la asociación Askabide, que trabaja con mujeres trabajadoras sexuales.

Primeramente he notado y más en nuestro sector que quizás en otros, el hecho de no ahondar en las dificultades. Esta situación no significa tenerlas resueltas ni atisbar un mayor compromiso por parte de tod@s en su superación. Ya se sabe que en innumerables ocasiones una misma realidad puede ser interpretada y relatada de muy diversas formas, sin ninguna atracción de las mismas para el consumidor.

Por eso en los momentos más duros, siempre es bueno recordar uno de los pilares básicos de nuestra profesión, recogido en el código deontológico: “ El Principio de la solidaridad profesional. El educador/a social mantendrá una postura activa, constructiva y solidaria en relación con el resto de profesionales que intervienen en la acción socioeducativa ”. (Capitulo II, punto 8)

Defender a las personas usuarias de nuestros servicios sociales o defender a los profesionales que los llevan a cabo es defender a la profesión y realizar un acto de justicia social. No es ir contra nuestras asociaciones educativas, las instituciones titulares que proveen de recursos para gestionar dichos proyectos, ni ir contra los políticos correspondientes o el estado del bienestar al que pertenecemos.

Obviamente, el árbol de la desgracia (y de la excepcionalidad) tampoco debe ocultarnos el bosque de los recortes en el que habitamos. Obviarlo sería no decir la verdad y cometer el mismo error que comete la sociedad con buena parte de los ciudadan@s con los que trabajamos diariamente: lo invisibiliza.

Llamar a las cosas con/por su nombre , reseñando y celebrando cuando se hacen bien (en esas andamos durante estos siete años, difundiéndolo como corresponde) y poner sobre la mesa aquellas que sean negligentes o irresponsables. Solo así podremos cimentar una profesión seria, constructiva y crítica, sin miedo a morder la mano de quien nos da de comer, cuando esa mano, cierra el puño injustamente.