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ÉTICA SOCIAL

ÉTICA SOCIAL

Cuando aún no nos hemos sacudido el caso Snowden y las gentiles y siempre protectoras escuchas globales de la administración Obama, llega uno de los tornados metafóricos del verano. El disfraz periodístico del que se vale, no llega para ocultar el manto del lobo bajo la piel ovina. Poco queda de los buenos y malos, mentiras o verdades de la guerra fría. Nadie cree a sus gobernantes y es la propia sociedad la que se vale de un código cívico autodidáctico, cada vez más frágil, para continuar con este largo caminar por el desierto.

Polémica en EE.UU tras la próxima publicación de un reportaje periodístico sobre uno de los autores del atentado en el maratón de Boston. En el cual, como todo el mundo sabe, tres personas fallecieron y multitud resultaron heridas. Atentado repudiable y violencia sin sentido, en un mundo de culturas cada vez más enconadas y alejadas de un mínimo común denominador: la persona. Noticia por otra parte, mundialmente difundida. Inversamente proporcional a cualquier otro acto violento y cotidiano en el Irak o Siria del siglo XXI. Pero eso, es otro debate.

El tema en si mismo y la raíz del reportaje, tuvo cabida ayer mismo en la cena veraniega que compartíamos en la aldea leonesa de Taranilla. La conclusión familiar fue mayormente aceptada y no dió a conjeturas de otra índole (posibles, seguramente): ” La revista tiene la libertad y responsabilidad absoluta de dedicar un reportaje o la portada de su publicación a quien estime oportuno, siempre y cuando no injurie ni atente contra las victimas del referido sujeto. La sociedad por su parte, puede ejercer ese mismo derecho inalienable de libertad, para no comprarla “.

La lógica aplastante que en aquella mesa, presumíamos haber otorgado al asunto, no se cerraba en apenas tres frases de salón. Queda el poso de mucho más. Aflora el sentido y el origen del mundo en que vivimos. Destaca al villano por encima de los héroes, que no son otros que los miles y millones de muertos que producen las guerras, las desavenencias, los conflictos económicos, el petróleo, las zonas de influencia, la libertad de expresión, el ser mujer en culturas opresoras, la homosexualidad como negación del derecho de las personas y un largo etcétera.

La ética social constituye el complemento necesario de la ética individual, que considera la responsabilidad del individuo con respecto a los demás y para consigo mismo

No sería por tanto, lo mismo que lo moral. Es decir, aquello que entendemos y definimos como bueno para la sociedad. De una (ética social) y otra (moral) debería seguir prospeccionando nuestra estimada educación social, vista y sentenciada como necesaria y relegada a una esquina por el propio sistema que la sustancia.