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TIEMPO DE CONVIVENCIA

TIEMPO DE CONVIVENCIA

Aunque no lo crean, el sol brilla en Euskadi desde hace algunos años. El invierno ha sido muy largo, casi tanto como medio siglo, pero hoy respiramos un aire más puro, tranquilo y si me apuran, libre. Libre de una maquiavélica maquinaria ultranacionalista, que intentó someternos a hoz y martillo, fuego y hierro.

Si, fue ya en tiempos pretéritos cuando la reivindicación de izquierdas, aplastada y sepultada en aquel entonces por el fascismo franquista, tenía razón de ser y justificación identitaria. Cuando nuestros padres y hermanos mayores, quisieron darse cuenta que el cordero había mutado y era demasiado voraz hacía y contra todo, quizás estuvimos demasiado tiempo maniatados, atrapados en la habitación del miedo. De cómo salimos y vencimos ese miedo, está casi todo dicho y como bien saben, mucho tuvo que ver la conciencia y sociedad civil fermentada tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Seguramente sea discutible aún a día de hoy el titular que nos ocupa y no es menos cierto que con muchísimos matices y pequeñas aristas, la pacificación parece un hecho incuestionable. Yendo a los pequeños detalles, a la instantánea del momento, me doy cuenta en uno de mis paseos rutinarios, que muchas cosas han cambiado y para bien.

Desde que tengo uso de razón, he pasado incontables días, meses y años, por delante de varios guardia civiles armados que custodiaban la plaza que hoy ilustra esta portada. Jóvenes castellanos, gallegos o extremeños, con rasgos abruptos y miradas afligidas. No era para menos, sabían mejor que nadie que en la región había un grupo de cazadores que pedían sus cabezas. Los viandantes paseábamos por el lugar con igual o mayor desconfianza que ellos. Su caza en ocasiones, era de tal magnitud que arrastraba a tod@s por igual: militares o civiles.

Hoy la plazuela o cruce de caminos para ser exactos, descansa apaciblemente. Sin armas ni desconfianzas. Soñando con una pronta disolución armada que complete este proceso y arrastre con él, buena parte del dolor y pérdida sufrida.

El amigo y profesor Francesc Garreta de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, nos preguntó hace unos años a los compañeros de Educablog, nuestra visión y opinión sobre la figura del educador social ante el problema del terrorismo y la resolución del conflicto político en el País Vasco. Ojipláticos, fue poco para como nos quedamos los allí presentes.


Era una pregunta tan contundente y un conflicto tan amplio y complejo, que la figura del educador casi no atisbábamos a divisarla entre tanta jungla. Pero la cuestión se quedó tan clavada en mi memoria, que pensé en darle una respuesta que él tanto merece. No voy a negar, que como trasfondo de la conversación, también fluía cierto halo de nacionalismo catalán (tan en boga actualmente), reminiscencias o paralelismos. Afortunada y constructivamente para este último; un conflicto social, tratado siempre desde un prisma político y pacífico.

El/La educador/a social, como elemento responsable y dinamizador de las manifestaciones sociales y culturales, debe defender y activar en la sociedad civil que corresponda, los derechos más fundamentales de la ciudadanía: el respeto al otro/a tanto personal como ideológicamente, la tolerancia a la diferencia, una convivencia adecuada y pacífica entre todos/as y por encima de todos estos, el derecho a la vida.
Todo esto debe ser en esencia, que no es poco, el desarrollo del ejercicio profesional del educador social en procesos o conflictos de este tipo: integrando y dirigiendo movimientos sociales, entidades asociativas, en trabajo comunitario, con grupos vecinales, etc.

El derecho a la vida, está consolidado afortunadamente. Sobre el respeto al otr@, queda un largo camino por resolver entre la capacidad y derecho de asociación entre un@s, tod@s, much@s o poc@s ciudadan@s en un nuevo estado o país. Libertad decisoria justificada, pero también denunciando de antemano la perversa realidad conformada de ciudadan@s de primera y de segunda, dependiendo la ideología o filiación de cada un@.

Respecto a la tolerancia a la diferencia, mucho me temo que la cuestión queda aún muy lejos por resolver. Mientras existan lugares o personas, que para ensalzar o defender su identidad o autonomía, sigan creyendo que el otr@ o el diferente, es su enemigo y hay que acabar con él (no solo vital, sino ideológica o socialmente), esta cuestión seguirá irresoluta. A este respecto y con el conflicto de los Balcánes como telón de fondo, el cineasta serbio Goran Paskaljevic lo resumía perfectamente: “ Si yo soy serbio, es lógico y entendible que amé mi patria y la ensalce como corresponde, lo cual no significa que aquellos pueblos o personas que no lo sean (Serbia) pasen a ser un enemigo, algo a destruir o eliminar ”.

De todas las anteriores, emanará la convivencia. De la que puedo decir ahora, sentirme orgulloso y optimista (al menos en el País Vasco). Y si me preguntan mi posicionamiento personal o político, también se lo diré: El ciudadano primero, el patriota después.

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