Cercanía versus Corporativismo… FIGHT!!!

dudas

Si hay algo, entre otras muchas cosas, que nos diferencia a las Educadoras y Educadores Sociales de otros profesionales del gremio de “lo social” es, normalmente, la cercanía con las personas con las que trabajamos. El hecho de, normalmente, hacer un acompañamiento intensivo a un montón de procesos cotidianos en la vida de esas personas hace que, en líneas generales, se llegue a vivir una complicidad que, en su justa medida, es buena.

Esa cercanía provoca que, en ocasiones, esas personas despotriquen de otros colegas que, normalmente, se coordinan con nosotros en pos de la mejoría de la situación de la persona con la que mantenemos nuestra relación educativa. Obviamente, cuando una madre, un padre, una niña o un adolescente vienen soltando pestes de una trabajadora social, de un profesor o de otra Educadora, lo que nos toca es coger con pinzas esa información, ponerla en cuarentena y tratar de contrastarla. Lo que ocurre es que, normalmente y de forma a priorística, nos surge una vena corporativa según la cual no damos valor a las acusaciones que esa persona está lanzando contra la compañera o compañero de gremio. En cierto modo es comprensible pero dicha comprensión no puede ser justificadora.

Toda esta perorata viene al caso porque hace poco una compañera ha vivido una situación así. Os cuento. Le viene la madre con la que trabaja y le dice que la técnica de una institución paralela a la nuestra le ha ofendido gravemente y que incluso le ha amenazado con modificar unas prestaciones a las que esta mujer tiene derecho. Al parecer, a esta profesional le ha sentado mal una determinada actuación de la mujer en cuestión.

El caso es que, efectivamente, la acción llevada a cabo por esta madre ha sido francamente bochornosa y digna de ser reconducida señalando lo mal que lo ha hecho. Y la confirmación de este mal comportamiento ha quedado confirmado por nuestra compañera. De esta manera, se ha obviado la respuesta negativa que, según esta mujer, le dio la técnica en cuestión, quitándole hierro al asunto, considerando, incluso, que dicha profesional no habría hecho eso. Pero hete aquí que esta técnica, ni corta ni perezosa, admite el comportamiento y las acciones que señalaba nuestra madre. Unas formas indignas, bajo mi punto de vista, de tratar a una persona usuaria por muy mal que ésta lo haya hecho.

Y claro, ahora viene cuándo la matan… ¿Qué hacemos con esta “profesional”?, ¿se le puede denunciar?, ¿es denunciable?, ¿hemos de decirle algo?, ¿corremos un tupido velo?, ¿hemos de justificar su comportamiento (como tuve que escuchar) por el hecho de que está en un puesto en el que “tiene que tragar mucha mierda”? Tomando esta “justificación” como válida, ¿hemos de justificar el también mal comportamiento de la persona usuaria por que, ya no su puesto, si no – permítanme – buena parte de su vida es una mierda?

En fin, imagino vuestras respuestas, queridas amigas y amigos, pero la realidad es que la respuesta no está ni mucho menos clara. Y, lo que es peor, me temo que si no encontramos una respuesta, mi compañera tampoco tendrá una respuesta para darle a esa mujer con la que trabaja y, por tanto, la cercanía esa a la que hacía referencia al principio de este post, se puede ir al carajo…