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‘Cuando yo tenía cinco años , me maté’ (Howard Buten)

burt

He de admitir que su título me llamó la atención. ‘Cuando yo tenía cinco años, me maté’ es un encabezamiento de esos que, en periodismo, se les califica como apelativos. Una portada desconcertante, una buena sinopsis y la escudería Blackie Books detrás. Motivos, todos ellos, para hacerme con la novela del escritor Howard Buten.

Y acierto. Pleno al quince. Idolatría total a Burt, al niño de ocho años que protagoniza el libro. Por sus frases, por sus interpretaciones infantiles y deliciosas sobre el mundo adulto. Por su imaginación, su creatividad, su insolencia, por su riquísimo universo interior… Quizá excesivamente rico. Pobre Burt. Un niño de 8 años en un centro de salud mental por “algo” que le hace a Jessica. Un Holden Caulfield pre-adolescente que bien podría participar en la maravillosa Moonrise Kingdom.

Una maravilla escrita en la primera persona de un niño. Lo mejor que he leído en este 2013 al que, poco a poco, se le van escapando las horas. Una recomendación que hago desde aquí, desde EducaBlog, a todas las personas que nos leéis.

Pero claro, todas esas personas que soléis parar por aquí lo hacéis porque en este espacio se habla de Educación Social, no de literatura. Vale, de acuerdo. Justifiquemos el porqué de esta especie de ‘offtopic‘.

De primeras, su autor. Howard Buten es un psicólogo, clown y escritor y, además de escribir joyas como ésta, se dedica a tratar a chicos con autismo en una clínica que fundó en un suburbio de París en 1997, a realizar espectáculos como Buffo —el nombre del clown que interpreta— para un público menor de edad y a dar voz a niños y niñas en sus novelas. Por tanto, de alguna manera, sería un tipo con el que cualquier Educador Social que trabaje en el ámbito infanto-juvenil (como yo) estaría encantado de coordinarse, ¿no?

De segundas, el propio libro en sí. ‘Cuando yo tenía cinco años, me maté’ contiene guiños de los que, en muchas ocasiones, hemos hablado por estos lares. Por ejemplo, en la novela aparecen diversos “profesionales” que atienden al pequeño Burt en el centro en el que está recluído. Porfesionales “institucionalizados”, ensimismados únicamente en el cumplimiento de los protocolos y de las normas de funcionamiento que un caso como el de Burt requiere, sin atender a la (en este caso, intensa) particularidad del sujeto… Y profesionales que se acercan al niño saltándose las normas de la institución, alcanzando una empatía con él que provoca que sea éste el único al que el pequeño Burt admite.

Asimismo, el especial personaje, sus (permitidme) idas de olla, sus evidentes extravagancias nos han de posicionar en la diversidad de personas con las que estamos acostumbrados a trabajar y recordarnos que, por ende, estas diferencias con los común y lo establecido no tiene por qué ser siempre tratado desde un punto de vista clínico si no que requerirá de otro tipo de mirada, de otro tipo de acompañamiento, recursos que, habitualmente, se asocian a nuestra profesión.

En fin que, a buen seguro, a vosotras y vosotros os surgen muchas más reflexiones durante la lectura de estas ciento y pico páginas protagonizadas, contadas y narradas por Burt, ese niño con un chubasquero amarillo internado por chocar con un mundo alejado del suyo.

Y no, no pienso pediros perdón por este offtopic, por usar este espacio nuestro para hablaros de un libro que, aparentemente, no tiene nada que ver con la temática habitual del blog. Es más, si leéis ‘Cuanto yo tenía cinco años, me maté’ creo que acabaréis dándome las gracias.