En Casa del Herrero…

nicolas

Bueno, pues qué bien que el aita de Nicolás sea Educador, ¿no? Mucho más fácil todo, ¿verdad? – dijo el pediatra.

¡Joder, vaya presión! Como para fallar ahora en la crianza de mi vástago… Y mira que, lo admito, hasta esa primera visita al pediatra y una vez hechas las presentaciones pertinentes, no me había planteado seriamente el doble rol que desde el pasado 4 de enero me toca jugar: el de pater familia y Educador Social.

Y claro, parece que ahora está uno obligado a mantener una coherencia que habrá que ver hasta qué punto es posible de cumplir; tratar de llevar a cabo en casa las orientaciones educativas que yo he transmitido en otros hogares; transmitir las pautas y los valores que acostumbro a compartir con otras madres y padres. Y así.

Y en estas primeras semanas ya afloran las dudas. Y el rol de padre se come (afortunadamente, pienso yo) al de Educador y no se piensa con la misma objetividad, raciocinio e imparcialidad con la que, a menudo, se actua en el contexto profesional. Claro. Este no es un contexto profesional. Este es tu contexto, tu vida personal y familiar, querido lucce. Precisamente por ello, en el desarrollo de nuestro trabajo, solemos evitar las intervenciones con amigos o familiares o personas con las que mantenemos una vinculación emocional, porque esas emociones nos pueden distorsionar nuestra visión y capacidad analítica.

¿Quiere esto decir que los Educadores Sociales trabajamos sin emoción? No, evidentemente; de hecho siempre he pensado que somos una profesión que se distingue de otras precisamente por poner en liza un poco más de carne emocional en el asador pero está claro que si tenemos que trabajar con nuestro hermano, nuestra amiga, nuestra madre o nuestro hijo la cosa cambia.

Nuestro hijo. Mi hijo. Habrá que ir viendo. De momento, quiero, como ya he dicho, que siga prevaleciendo el padre sobre el Educador, aunque eso suponga que la cuchara de la casa del herrero sea de palo. Quiero tener el derecho a equivocarme del mismo modo que reconozco el derecho a equivocarse a las familias y a los menores con los que trabajo. Quiero poder llegar a ser incoherente ante algunos aspectos y ser capaz de distinguir esas incongruencias. Ya les iré contando.