¡Qué comience la función!

teatro 1
-Hola Alex, soy Mike
-Hola Mike
-Acabo de estar con el padre de Jim.
Un silencio pesado, denso como el aire que anuncia una tormenta, ocupó por un momento el espacio dejado por las palabras.
-¿y qué tal ha ido?
-Bueno, no ha ido mal, he comentado lo sucedido y hemos hablado de que las cosas no pueden quedar así. Le he explicado la propuesta de que Jim participe en las actividades que llevas y me ha dicho que va a hablar con él para que vaya desde hoy mismo, porque ¿hoy tenéis clases, no?
-si, hoy tenemos, pero, y ¿Dónde le meto?
-¿A qué hora empezáis?
– A las cinco.
– Bueno, y ¿qué te parece si le digo a Jim que se presente para hablar contigo a las cuatro y media?. Así quedáis de acuerdo en qué taller participará.
Y eso sí, dile que si no quiere que se le expulsen, va a tener que acudir y funcionar y que el centro estará pendiente y a la mínima que falle, no se le pasará por alto.
-Entendido, pero…
-Quedamos en eso, seguimos hablando (Sin dejarme tiempo para pensármelo, colgó el teléfono, y por unos segundos me quedé con el auricular pegado a la oreja sin hacerme a la idea de que Mike ya no estaba al otro lado).

Se supone que la medida que le iban a aplicar a Jimmy era más educativa que la expulsión y en eso estaba de acuerdo, ya que aunque llevaba poco tiempo en el centro, en la mayoría de los casos en los que un joven era expulsado, resultaba contraproducente. Además de perder el ritmo y el hilo de las clases, en vez de enfadarse, los jóvenes se lo tomaban como un premio.

Lo único para lo que parecía servir, era para quitarse el problema del medio. Pensándolo bien, era una tendencia extendida en esta sociedad de las apariencias ocultar los problemas, ocultar lo que molestaba a la vista. Así, por lo menos cuando no estaba delante, parecía que nunca hubiera existido, pero como en el caso del alumno expulsado, al de unos días volvía a las aulas reforzado en su conducta, más preparado aún para la búsqueda de la próxima expulsión.

Durante un rato, estuve dándole vueltas hasta marear las neuronas, y en ese instante decidí coger un lápiz y un papel e intentar ordenar las ideas en una hoja. Es como si el hecho de ponerlas frente a mí, me sirviera para tomar perspectiva de lo que mi mente no lograba visualizar.

Como idea de inicio, como si de un título se tratase, escribí: “Extraescolares obligado mejor que expulsión.”
A continuación, intente desgranar la situación poniendo dos columnas, una para las oportunidades de la situación y otra para las limitaciones.
Veía que era una ocasión para estar más tiempo con Jim, era una oportunidad para sacarle de su rol negativo, para que formara parte de otro grupo, para que construyera algo positivo…y por otro lado, iba a venir obligado, no se iba a mostrar motivado y además, yo me encontraba en una situación incómoda ya que me habían encomendado una función de control que se me hacía poco menos que imposible de integrar con la finalidad educativa.

La situación requería tomar posición en varios aspectos.

Lo primero que escribí en la lista de decisiones, fue que debía centrarme en lo educativo y no partir del control. Si le exponía a Jim que tenia que venir obligado y que en caso de no acudir, le echaría a los perros de la dirección del instituto, no habría nada que hacer, probablemente se cerraría en banda, igual acudiría, pero no se implicaría.

No iba a ser fácil, pero en ese momento el lápiz se agitó por un momento en mi mano nervioso por transcribir mi próxima idea… Reto…¡eso es! le plantearía el participar como un reto, como una manera de darles en los morros a los que le daban por un caso perdido y le diría que yo no iba a informarles si no venía o si no participaba, pero que tampoco iba a mentir si me preguntaban.

También me pareció una buena idea preguntarle sobre las cosas en las que era bueno, preguntarle sobre que cosas que le gustaban hacer, así tendría más claro en qué actividad sería más fácil que encajara.

Después de escribir estas palabras, me sentí más relajado, más centrado. Había transformado mi inseguridad, mi ansiedad, en un camino de cómo afrontar la situación. Sabía que era muy complicado y que el papel sujetaba todas las ideas, pero que la realidad era más compleja e incontrolable.

Aún así, al menos tenía claro por dónde empezar, había decidido en qué lugar colocarme, qué posición tomar y eso ya era mucho. Ya habría tiempo después de ver en qué había acertado y qué había que repensar.

Solté el lápiz sobre la mesa, y éste me devolvió un repiqueteo maderoso, me recosté en la silla y respiré hondo.
¿qué hora era? ¿cuánto faltaba para las cuatro y media?

16:25….16:32…. 16:41… 16:57…17:00… (Empiezan a llegar los alumnos) 17:03 ¡al fin llega el pequeño Jimmy!

Ni que decir tiene, que el “ideal” de mi propuesta se quedo en eso precisamente, en “ideal”.
Jim mantuvo una actitud pasiva, no me miraba, se sentó en una silla en la parte trasera y mientras hablaba con el resto de lo que íbamos a hacer ese día, él se mantuvo en un segundo plano, como un mueble mas de la estancia. De su oreja derecha me pareció ver salir un cable negro que se perdía en el bolsillo del pantalón.

Ese fue el inicio de la medida “educativa” del pequeño Jimmy, el plan inicial no había dado resultado, ahora tocaba repensar y reconducir la situación.

¡Qué difícil es educar! pensé.

Al final, después de hablar con Jim, y sin saber muy bien la razón de la elección de ese grupo. Jimmy empezó su trayectoria como miembro del grupo de teatro.

El salón totalmente a oscuras, sólo se escucha el rozar de telas tras el telón que sube ágil impulsado por el juego de poleas.

En el escenario, una luz cenital, un único actor, que lentamente alza el rostro…
Entonces me doy cuenta de que ese actor no es otro que Jim.

Primer acto, primera escena, ¡ Qué empiece la función!