MILITANCIA SOCIAL

MILITANCIA SOCIAL

En estos días, se cumplen tres años del surgimiento del Movimiento 15M. Bueno, en realidad, hace mucho más tiempo de la denuncia por ciertos postulados que alarmaban de las injusticias (jurídicas, normativas, representativas ….) y desigualdades (económicas, sociales …) que el sistema de mercado estaba generando y a las que algún@s representantes políticos no podían/querían poner coto debido a su complejidad o el perverso ritual de la puerta giratoria que pareciera acabar representando. Al final de casi una década, nos hemos percatado de una triste realidad: Los que querían, no podían. Y los que no quieren, continúan creyendo en la fiabilidad del sistema.

Al albor de aquella manifestación pacífica y libertaria, fueron surgiendo distintas ramificaciones y movimientos en forma de Mareas. Fue la Naranja, la representativa de los servicios sociales y por ende, nuestra cabecera durante este tiempo. Iniciada y promovida con enormes esfuerzos, con mucha ilusión y ganas, en forma de creatividad, reformulando viejos preceptos reivindicativos; fue diluyéndose muy a nuestro pesar (y a nuestra dejadez) en encuentros puntuales y casi casuales, en torno a “cuatro gatos“, como llegó a significar, no sin dolor, el presidente del Colegio profesional de Educadoras/es Sociales del País Vasco, Roberto Vidal.

Es el mismo representante, de quien en próximas fechas podréis disfrutar con su presencia en nuestro Documental sobre el proyecto Educablog y la educación social en general, quien defendía poderosamente la idea del resurgimiento de la militancia y el compromiso personal, profesional y social, como eje fundamental de nuestra praxis diaria y la forma de entender esta profesión. Un valor a añadir en estos tiempos de tecnificación y mayores competencias profesionales adquiridas y que no puede ni debe, desviar el ser originario de nuestra acción. Una esencia proactivista, por mucho celofán institucional que nos envuelva.

La educación social, nos pide ahondar mucho más. No permitir la caída en la desidia ni en la resignación, como salvavidas de un simple instante, mientras seguimos en un mar de disfunciones, recortes y reformas, ni una de ellas, por cierto, en aras de buscar una mayor justicia social. Buscamos sinergias, intentamos desarrollar nuevas coaliciones, reencontrarnos con acciones y puntos en común desde diversos enfoques o plataformas. Desde colaborar y remar junto a organizaciones sindicales en la pelea contra la desigualdad y la dignidad laboral (muy factible en Euskadi en las próximas fechas), hasta significar y manifestar más vehementemente las agresiones que estamos sufriendo como sector y profesionales (desde las concentraciones en instalaciones de la entidad, hasta la protesta simbólica de los Viernes Negros, mostrándonos de luto para la ocasión).

Leía días atrás en los distintos foros socio-educativos, no sin cierto enojo, algunas afirmaciones en las cuales se venía a desvirtuar en el sector de la acción social su capacidad de movilización, sensibilización y solidaridad profesional. No por ser mentira, sino por su generalización. Evidentemente que hay y ha habido situaciones y manifestaciones personales, individualistas, corporativas o disidentes de los rasgos afines a nuestra práctica. Pero no por ello, debemos alejar ni olvidar la sustancia de nuestras entidades y las personas que desarrollamos nuestra labor en ellas.

Hace años, me contaron que una profesional en una asamblea de trabajadores de su entidad, afirmó: “ Denunciar a mi asociación, sería como denunciar a mi madre ”. Reveladora para algún@s, a mi solo me transmitió cierta tristeza, dándole una vuelta de tuerca a la afirmación, en forma constructiva: “ ¿ Y si tu madre te pegase o maltratase ? ”. Sentimientos pa/maternalistas aparte, el sentimiento de sector es un rasgo afín a muchos de nosotr@s y nuestras organizaciones y es por ello, que la lucha y el trabajo por una mayor cohesión se hace necesario.