DESFILADEROS

DESFILADEROS

Una de las características más recurrente en las profesiones derivadas de las Humanidades, es el material sensible con el que trabajamos. Las personas, particularidades e individualidad de cada sujeto, concentran en un único organismo distintos planos, que van desde un sinfín de oportunidades y potencialidades a un complejo abanico relacional de excepcional sensibilidad. Ambos mundos conviviendo interrelacionados.

Acompañar y recorrer el camino a través del trecho constructivo, será parte del éxito en ese proceso personal (sujeto) y profesional (educador/a social).

Cuando el trabajo en red es productivo y parte de voluntades eficaces por las piezas que lo integran, los educadores somos de los primeros en remar junto a otros profesionales de intervención directa, traspasando incluso nuestras propias competencias. En acogimiento residencial, tenemos a bien responsabilizarnos de la protección a la infancia y juventud en situación de dificultad familiar. Pero si queremos alcanzar buena parte de los objetivos planteados con cada sujeto protegido, es inconcebible no hacerlo en connivencia con la familia.

Como aún no se ha inventado el proyecto donde la familia, como institución, pueda formar parte integra del recurso de acogimiento, es el educador en este caso, quien se propone traspasar la frontera y reconocer la parte más íntima y humana de nuestro joven residente: el hogar familiar. La trabajadora social coordinadora del caso, acepta de buena gana la adhesión, reforzando de esta manera una visión conjunta de la situación y las posibles soluciones a devolver.

Si, si, ya se que me dirán que existen los educadores familiares, comunitarios o de medio abierto que se ocupan mas directamente de ese espacio socio-educativo. Que previamente se vino haciendo un recorrido histórico con esa familia (trabajadores sociales, psiquiatras, profesores….), pero que por un motivo u otro, acabó con la salida del niño del ámbito familiar, dando con sus huesos nuevamente, en un centro residencial. Mal que nos pese, como decía Javier Mújica en la recientes jornadas de resiliencia y buenos tratos de Vitoria: “1+1+1 en ocasiones, es igual a -10”.

El único propósito de la visita domiciliaria es compartir con la familia y el joven, su realidad cotidiana que se atisba como futuro reciente tras la mayoría de edad de este. Pero no se nos escapa una dificultad inherente: que no se produzca una intromisión a su intimidad. Nada más lejos de intenciones u objetivos, debe ser ni parecer el hecho como algo violento, de control o coerción. Para ello, el posicionamiento y la comunicación debe ser muy clara y emitida en esa única dirección: búsqueda de soluciones óptimas.

La llegada a la casa no es fácil. Remota, en la montaña. Espera una madre con buenas intenciones, pero que no acaba de culminar sus deseos verbales. Dice según entramos que la casa esta tal cual, para que la veamos como habitúa. Localización humilde, habitáculos reducidos, mobiliario austero, algún enser y electrodoméstico básico, terreno agrícola adyacente sin aprovechar y animales pululando. En un sofá, recostado aún a las once de la mañana, el joven. Nuestro joven residente de diario, a punto de cumplir 18 años. Nos mira con desconfianza, como si no nos conociese de nada a pesar de convivir conjuntamente desde hace cuatro años. Mirada esquiva, reacia, algo violenta.

Sin llegar a repudiarnos, no nos devuelve ni una sola palabra en el dialogo que intentamos pacientemente establecer. Nos esperaba algún día, pero no sabía cuando. Y ese cuando, había llegado y él no lo ha aceptado. Sus silencios son muy clarividentes: “Habéis venido a mi realidad, mi entorno, mi vida. Una dimensión muy distinta de la que comparto con vosotros. Habéis profanado mi pequeño santuario, donde yo habito, mi rincón familiar del que sabiendo no es el óptimo, es el mío, mi lugar, el que yo anhelo. Habéis venido a usurpar parte de mi”.

Lamentablemente, en la educación social como en la vida, algunas veces los finales no son como quisiéramos, ni mucho menos, felices.

Foto: Vicent Faübel (Educador Social – Col.legi Oficial d´Educadores i Educadors Socials de la Comunitat Valenciana)