Educador Social en Alaska

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Bueno, hoy me toca estrenarme en la sección bautizada como “Biblioteca Eduso”.
Para empezar, he de ser honesto y reconocer que he hecho trampa en la elección de la “obra”.

Quien avisa no es traidor y yo he elegido “Educador Social en Alaska” por puro interés, me apetecía leerlo desde que el cartero lo saco quemando de la imprenta de Juneau.

Dicho esto, os aviso de que no voy a hacer una crítica literaria, no soy dado a criticar por criticar, y tampoco voy a hacer un análisis pormenorizado cuál concienzudo investigador.
Os voy a contar mi experiencia y mi caminar por estas páginas situadas en algún lugar entre Extremadura y Alaska.

Este libro, siendo una recopilación de artículos de uno de mis blogs predilectos, me ha servido para volver a rescatar esos textos que parten desde el año 2008 como en un largo flash back que termina en agosto del 2013.
Me ha servido para recordar y redescubrir la frescura y la naturalidad de los post de esos años y para leer alguno que se me quedó en el buzón de pendientes.

Sera nos habla de muchas cosas en estas páginas, nos habla de Quique y de su apasionante historia en los servicios sociales. Nos habla de distintas técnicas educativas desde el directo y sin tomas falsas, de las tics en su complicada relación de amor-odio con la Educación Social, de las inolvidables entrevistas sin censuras en los servicios sociales, de reflexiones sobre diversos temas siempre desde el foco de la Educación Social, nos habla de la ciencia, apostando por darle voz y protagonismo en la Educación Social, nos habla de la crisis económica, de la mediación, nos habla…

Sera habla y habita en cada una de estas páginas repletas de instinto y de sentido común pero también vestidas de ciencia.
Cualquier lector o lectora, profesional o no, al leer estas páginas tendrá como mínimo un efecto secundario recurrente. Véase un ligero picor en el córtex prefrontal, acompañado de un gesto reflexivo en el rostro y una tendencia a la sonrisa fuera de lo normal.

¿Quién es Quique?
Yo me hacía la misma pregunta con mis compañeros del Educablog allá por el año 2008, maravillado por esas historias de los servicios sociales tan cercanas a pesar de situarse en Alaska.
En la lectura de este libro desentrañareis este misterio y descubriréis una lectura apasionante, directa, sin ambages, de una naturalidad pasmosa e hilada por un fino y espontáneo sentido del humor que os hará sonreír e incluso carcajearos en más de una ocasión.

Ha sido un regalo leerte en formato analógico esta vez, volver atrás para tomar perspectiva de estos años en Alaska y de estos años de Sera y de Educación Social.

De todas maneras, como ya dijo María, lo cortés no quita lo bailao y después de terminar con amplia sonrisa el Epílogo de Rafa, me he quedado con ganas de más.

Me explico, he de reconocer mi debilidad por Quique, sí ya sé que me diréis que Quique sigue ahí de alguna forma, pero que le vamos a hacer…le echo de menos.
Adelantándome a la posible respuesta de Sera, ya sé que Quique tuvo su razón de ser en su momento y que ahora no está claro si su regreso sería forzado, pero me pone mucho imaginar un encuentro con Alex, en algún lugar entre Alaska y la península de Ucare.

Para finalizar, aviso a los vacunados contra los libros, a los que sufren de alergia severa a la lectura y a todos aquellos que no pasaron de ver la miniserie de la Regenta para realizar el examen de literatura en el instituto, de que el libro viene con regalo. Un suculento DVD con la obra de teatro basada en las historias de Quique y que lleva el mismo título: “Educador Social en Alaska”.

Sólo me queda deciros… ¿A qué esperáis?
Ir corriendo a la calle en pijama y babuchas si hace falta, salir volando por la avenida y no os detengáis aunque os quedéis descalzos a mitad de camino. Entrar en la librería de la esquina y pedir “Educador Social en Alaska”.
-¿Cómo has dicho?¿Educador Social de la Tascaa?
-¡Noo!, en Alaska.
-Vale, para la semana que viene lo tienes majo.
¡Cachís…yo lo quería para ya mismo!
En fin, supongo que para venir de Alaska una semana no es mucho.
Así que volveré a casa, por el camino recogeré las babuchas y llamaré a Quique para ver si tiene un rato para tomar un café y hablar de esto y aquello.

¡Ostia, no están las babuchas, mecagüentoó!

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