TIEMPOS DE RESPONSABILIDAD

TIEMPOS DE RESPONSABILIDAD

Son ya seis años desde el inicio de la gran depresión española. Una crisis que como bien sabe todo el mundo, se originó al albor de la burbuja inmobiliaria, paralela a la crisis bancaria o económica, continuando en crisis social del desempleo, pobreza, recortes y desconfianza ciudadana hacía sus instituciones y representantes.

Un muy buen amigo mio, empleado de Banca, ejemplifica perfectamente una de las causas de esa deriva: “Somos muy malos, malísimos¡ Pero luego que no me venga nadie pidiendo un préstamo para un coche nuevo o irse de vacaciones. Del circo, formamos todos parte del reparto”.

Tras un largo caminar por el desierto económico y político, muchas voces de la ciudadanía, abogan por recuperar un tiempo distinto y un modelo más ejemplar que pase por devolver a todos los ciudadanos el protagonismo que nunca debimos perder. Una responsabilidad inherente a nuestro ejercicio diario, que no es otra que la de trasmitir, hacer valer y elevar esa cualidad a rango transversal de la cotidianidad.

Una ejemplaridad que no solo pase por ser representativa en el poder judicial, en la jefatura del estado, en las fuerzas de seguridad o en aquellos estamentos que se le presuponían y por razones equis, no aparecieron. La educación social sin ir más lejos, sabe mucho de esta materia, parte intrínseca de su razón de ser y coherencia con los servicios sociales que presta y desarrolla.

Es momento de hacerla extensible a cada un@ de nosotr@s, de aprehenderla de nuevo, de asumirla como padres y madres, como educadores, como clientes de una sucursal bancaria, propietari@s de viviendas arrendadas, pacientes de servicios médicos, solicitantes de prestaciones o subsidios necesarios para la subsistencia, como periodistas que informan sin la espada de damocles encima, como funcionarios públicos rasos laboriosos que acuden a sus puestos de trabajo, como políticos de nuevo cuño alejados de vicios pretéritos, como sindicalistas primigenios, etc.

No podemos olvidar también, exigir y demandar parte de este valor irrenunciable, a nuestras instituciones. Esos organismos gigantescos que parecieran estar olvidando a sus conciudadanos y las necesidades básicas de los mismos. Responsabilidad para escuchar a sus miembros y devolverles el protagonismo que los mercados y el capital, les quitó impunemente. Altura y responsabilidad para proveer de los recursos necesarios a la sociedad, con especial significación en los grupos poblacionales más sensibles: infancia, tercera edad, personas dependientes, desemplead@s y personas en riesgo de exclusión.

Ya no hay excusas ni escudos en los que refugiarse. Si esta monumental crisis de valores, nos sirve para algo, al menos que sea para saber por donde ir y como no hacer de nuevo las cosas. Circos de los que buena parte de la ciudanía actuamos como cómplices payasos, sin saber que en la trastienda, sin careta, éramos más frágiles y perversos de lo que pensábamos.

PD: Este último artículo, cierra la trilogía de los “Tiempos” con la Convivencia y la Resolidaridad como anteriores temáticas.

Photo by Elena Chernyshova