UTOPÍA DEL RECIÉN EDUCADOR

UTOPIA DE UN RECIEN EDUCADOR

Educación social : Ahora, cuatro años de carrera gracias a la reforma educativa llamada Plan Bolonia, que supuestamente sirve para equiparar e igualar los estudios a nivel europeo, pero luego ni siquiera aparece esta categoría en los estatutos.

Después de los cuatro años cursados, te das cuenta de que todo eso es una forma de retener a los jóvenes entre cuatro paredes y retrasar la entrada en el mundo laboral para que no inflen las largas listas del paro.

Nos encontramos que “sabemos de todo, pero no sabemos de nada”. Somos educadores sociales, como tantos miles, pero no estamos especializados en nada y todo aquello que sabemos es de manera teórica. Lo que nos ayuda realmente son las horas de prácticas que realizamos durante el curso, siempre que tengas suerte y te abran las puertas de par en par y te den la oportunidad de realizarte como profesional y aprender aunque sea de los errores.

Cuando llegas al mundo laboral te das cuenta de la verdadera realidad, está muy bien la teoría, es muy importante para desempeñar nuestro trabajo, pero cuando realmente aprendes es cuando estás codo con codo con profesionales que te enseñan como llevan trabajando años.

Nosotros llevamos la ilusión utópica de un recién llegado, donde crees que el Mundo se puede cambiar, que todas las personas con las que trabajamos tendrán un futuro maravilloso, que todas las normas se siguen a rajatabla, y que todas las normas, leyes, decretos son sagrados e intocables, pero no. Te das cuenta de que vas a contracorriente con tus ideas, que lo que debería ser no es y que desgraciadamente a veces no todas las personas terminan tan bien como nos gustaría y por lo que tanto se ha trabajado.

Aprendes que en muchas ocasiones actúas como puedes, que no todo es blanco o negro, que no hay un manual básico de actuación, a pesar de que los de arriba pretendan que lo haya. Al final en un trabajo como el nuestro, no nos podemos olvidar que trabajamos con personas, no con máquinas a las que programar para que sigan el camino recto y no se desvíen de lo estipulado.

Con el paso de los meses esa utopía va decreciendo poco a poco, aunque en tu interior sigas pensando que podrías cambiar las cosas, cada día te encuentras con un freno más y no puedes olvidar que al final, trabajas para empresas que por culpa del dinero te recortan hasta los sueños.

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