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Difama que algo queda (una vez más, al respecto de las Ayudas Sociales)

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Admito que he dudado mucho en si publicar la foto que encabeza este post o no. Es más, he dudado mucho en si escribir esta entrada o no. Las razones que me inclinaban a no hacerlo eran las de no seguir dando pábulo a lo que puede que sea un fake. O, en caso de no serlo, a no alimentar una corriente de opiniones interesadas y capciosas al respecto de una imagen que para muchos parece corroborar algo así como que los perceptores de ayudas sociales extranjeros viven muy bien a nuestra costa.

Pero ha sido precisamente el encontrarme desde ayer, día en el que empezó a circular de forma viral el supuesto recibo de cobro de una cantidad económica en concepto de Renta de Garantía de Ingresos (RGI), con cientos de comentarios despectivos, algunos racistas y otros claramente ignorantes que me han empujado, finalmente, a hacerlo.

Como digo, en la foto que acompaña este texto, se lee que una persona ha cobrado una cantidad de 2.415 euros en ayudas sociales, concretamente la RGI. Efectivamente, es una cantidad elevada. Una cifra que para muchos mileuristas o para cualquier otra persona es llamativa. Y me parece lógico que chirríe algo así cuando no se sabe muy bien cómo funciona esta historia.

Recuerdo que cuando yo trabajaba como Educador Social en los Servicios Sociales municipales, una de las labores que nos tocaba hacer con algunas familias era la de hacer un acompañamiento o asesoramiento a la hora de administrar la economía familiar. En muchas ocasiones, la principal fuente de ingresos provenía, efectivamente, de las ayudas sociales de las que eran acreedoras por derecho. Normalmente, cuando era la primera vez que se cobraba este tipo de ayudas, se daba la situación de que estas familias se encontraban con una importante cantidad de dinero en su cuenta. Esto ocurre porque desde que una persona demanda una ayuda de este tipo hasta que se la conceden pasa un tiempo y dicho periodo se cobra, posteriormente, con carácter retroactivo. Es decir, si ponemos que pueden ser cuatro meses los transcurridos desde que se solicita, el primer ingreso de ayudas será la acumulación de esos cuatro meses.

Puede que esa sea la razón que explique los 2.415 euros en cuestión. Pero es que puede que sea otra cosa. Puede ser una revisión del IPC. El caso es que algunos han aprovechado la coyuntura y la filtración interesada de este recibo para lanzar el mensaje del abuso que se da en las ayudas sociales, del fraude en este ámbito, etc. Es el clásico difama que algo queda. Y, claro está, el hecho de que el nombre del beneficiario acabe en “med” nos lleva a pensar que en que es moro y para qué quieres más… ¿Se habría difundido igual, se habrían vertido los mismos calificativos si en vez de “med” fuera “koetxea”?

Pero más allá de apellidos y de tratar de explicar que esa cantidad puede ser perfectamente entendible, lo que me ha llevado a sentarme a escribir tiene que ver, una vez más, con el citado hecho de que todo lo que huele a ayudas sociales se vincula a fraude y, además, se suele agrandar interesadamente. Los pobres versus los pobres. Otro clásico. Claro que hay fraude en las ayudas sociales y flaco favor se hace a los perceptores de las mismas que por culpa de los delincuentes que lo realizan son estigmatizados y señalados por todo el mundo. Y claro que hay que perseguirlo. Con vehemencia. La misma que, bajo mi punto de vista, se debería aplicar a la hora de perseguir los grandes fraudes, los de guante blanco, los de las evasiones a paraísos fiscales, los que suponen un porcentaje del 85% del fraude fiscal en este país. Las estafas de las que, casualmente, menos se habla entre la gente de a pie. El robo y el vilipendio que no se filtra en forma de foto, a diferencia del caso que nos atañe. La usura de gente que, en muchos casos, no tiene la necesidad de robar y, sin embargo, lo hace. Lo que me lleva a rescatar las declaraciones de la presidenta del Colegio de Trabajadoras Sociales de Canarias que publicamos hace unas semanas en nuestro Facebook: “Si la economía sumergida sirve para alimentar a un hijo, ¿cuál es el pecado?”.

En fin, más allá de todo ello, por acabar, lo que sí me gustaría transmitir es que tanto en este caso como en muchos otros de fotos, citas y demás historias que circulan a través de la red, nos paremos a pensar un poco. Que pensemos también que el hecho de que rule algo como este documento por internet puede responder, por ejemplo, a la polémica surgida en las últimas semanas en Euskadi (y señalo este territorio dado que el justificante de cobro es de una caja radicada aquí) a raíz de unas declaraciones del alcalde Vitoria al respecto de la percepción de ayudas sociales. Y que recordemos que la Renta de Garantía de Ingresos, antes Renta Básica, es un derecho adquirido por la ciudadanía para garantizar, como su propio nombre indica, las necesidades básicas de las personas y familias que no disponen de recursos suficientes, una prestación, en definitiva, para la que hay cumplir una serie de requisitos a la que todo el mundo que los cumpla puede acceder.

Por mi mencionada experiencia en el ámbito de los servicios sociales, puede asegurar que sin este tipo de prestaciones sería muchísimo más difícil para muchas familias salir adelante, sean de aquí, de ahí o de más allá, y, a pesar de que, a buen seguro que existe un porcentaje de fraude, lo normal es que la gente que la recibe cumpla. Ahora bien, con historias como esta que está ocurriendo en las últimas horas, parece que se genere un caldo de cultivo contra este derecho adquirido y contra algunos de los perceptores del mismo.

Perdón, con todo, si el texto que acabáis de leer (si habéis aguantado) se presenta deslavazado y demás pero ha surgido a modo de vomitona tras leer muchas cosas desagradables desde ayer a la noche.