Viviendo en la calle del olvido

Dignidad personas sin hogar
La noche del 29 de octubre no fue una noche más en el desfilar de lunas asimétricas. Por las calles deambularon personas curiosas, observadoras, ilusionadas y esperanzadas por ser testigos de una de esas realidades, que de tan oculta, pareciera que no existe…las personas sin hogar, al menos sin el hogar tradicional de cemento, madera y cristal.

Un grupo de voluntarias y voluntarios nos embarcamos en la aventura nocturna de conocer una realidad de la que sólo hablan las calles silenciosas de la noche. Las personas que viven en los cajeros, en las esquinas, en casas abandonadas, en coches, bajo puentes, en rincones poco transitados…

¿Son más de los esperados? quizás si, quizás el mero hecho de que una sola persona no dispusiera del ¿derecho? de vivienda sería intolerable y la certeza de que sean cientos, resulta poco menos que insoportable.

Caminamos por calles en las que duermen personas, sacamos dinero en refugios improvisados, y no somos conscientes. Yo mismo, he visto casi extrañado a alguna persona pernoctando en un banco o entre cartones, protegiéndose de la luz inquisidora en un cajero…

Con estas iniciativas, se da lugar y presencia a una de las fotos que retratan la sociedad actual, seguramente, eso sí, una de las más desconocidas.
“No en vano, lo que no se conoce no existe.”

Por otro lado, es una manera de que las personas que participamos en la iniciativa nos sensibilicemos y seamos testigos directos, además de darnos la posibilidad de compartir un momento con estas personas y si quieren, incluso de charlar un rato.
Este hecho en sí, ya es de un gran valor más allá de datos, estudios y estadísticas, de las que no niego su importancia.

En mi caso, sólo pude cruzar unas pocas palabras con dos hombres que no tenían ganas de hablar.
Uno me dijo que estaba cansado y sólo quería retirarse a su rincón. Mucho trabajo para poco dinero me decía mientras señalaba un carro con varias piezas de chatarra.

Como Educador de Calle, el formar parte esta iniciativa me facilitó acercar esta parte de la realidad a los jóvenes con los que trabajo, sensibilizándoles y haciéndoles participes de la historia oculta de las calles de su municipio.
Incluso estuve a punto de conseguir que un joven se uniera al grupo de voluntarios. Pero esta vez no fue su momento.

La tarde antes del “rastreo”, Asier me comentó que había conocido a una mujer que vivía en el pórtico de la iglesia de su barrio.
“Era muy conocida en el barrio” me decía para después añadir con gesto melancólico… que había tenido una vida difícil…bebía mucho pero era buena persona.
Me contó que un día sin previo aviso, desapareció del barrio. Él preguntó a unos compañeros de la calle si sabían por dónde andaba y nadie supo qué contestar…
Desapareció de esas calles, rumbo hacia otras…quizás…

Como Educadores y Educadoras Sociales, tenemos un deber ético de ser testigos activos y no mudos de realidades ocultas, de personas silenciadas que no existen en una sociedad con prioridades económicas y que condenan al olvido a estas personas y a otras.
Incluso me atrevería a decir, que por eso mismo tenemos el deber de mostrar al mundo que la Educación Social también tiene su presencia y su sentido.

Para terminar, me gustaría agradecer a las personas voluntarias que compartieron experiencia conmigo, su implicación, y a las personas que viven silenciosamente en las calles, su generosidad por compartir un momento con nosotros.

“Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía…”