NO FUI YO, FUE ELLA. Parte II

NO FUI YO, FUE ELLA_2

Aquel mismo verano, Pablo amigo de Félix del instituto, nos dice que ha ido a unas colonias con personas discapacitadas al municipio de Navarrete (La Rioja) y que además de ser una experiencia muy enriquecedora, ha obtenido una propina de 20.000 pesetas (cuantiosa para aquellos tiempos y edades) para disfrutar en vacaciones.

Al año siguiente, recomendado por nuestro amigo, acudimos a dicha cita y no se equivocaba. Una experiencia inolvidable, una historia apasionante. Hombres y mujeres adultas, desposeídas por la naturaleza de algunas capacidades que les hubiesen permitido socializarse de manera más justa y acorde al contexto cruel en que les tocó vivir: una sociedad que aún conservaba retazos de silenciar e invisibilizar a personas que no eran como la mayoría. Un nosotr@s pervertido, que solo tenía tiempo en pensar en la normalidad y no en la diferencia.

Recientemente, en la Clínica Universitaria de Navarra, me encontré en unos de esos pasillos de alto abolengo, con un padre serio y disciplinado que compartía conversación sigilosa con su esposa, mientras su hijo, con orgullo, le reconocía en ese largo corredor. Un joven, discapacitado si, con una mirada azulina que impactaba las retinas de quien le mirase. Tanto por su color como por su tristeza. Un padre altivo, aún sigiloso, que lucia con orgullo su bata blanca mientras parecía disimular a su hijo. Esa secuencia, hizo retrotraerme a aquellos años de monitor y ver todo un mundo de nuevas capacidades.

Ángel, uno de los sujetos de animación cognitivamente más desarrollado, me dijo una vez que si le daba pena, no quería que estuviese acompañándole. Una mente maravillosa y lúcida, como pocas he conocido. Los más desconfiados, veían su locuacidad y clarividencia, como arma de persuasión y perspicacia. Bendita perspicacia para una persona despojada de capacidades motoras desde su más tierna infancia. Un filósofo apoltronado, lleno de luz y vitalidad, que no ocultaba sus momentos también de crisis existencial.

Horas y horas trabajando la animación, la relación personal y el vínculo. Ficticio? De verano? Probablemente, pero de esas pequeñas píldoras de adrenalina, también se nutre el ser humano, justificando el porqué del ahora y el somos del dia a dia.

Concatenamos a partir de septiembre, dicha actividad con la militancia en la objeción de conciencia, rehusando perder el tiempo en un servicio militar absurdo en pro de desarrollar actividades sociales y trabajos comunitarios. Prestación social sustitutoria, le llamaban. El proyecto escogido, fue el desarrollo del programa de tiempo libre durante los fines de semana, dentro del servicio de intervención socioeducativa del barrio más desfavorecido por antonomasia de la capital de provincia. Educación social en primera línea, desde la trinchera, al menos, sobre el papel. Allí roce con los momentos quizás más amargos o agrios de mi preformación edusa. Muchos momentos buenos (conocer profesionales y educadores sociales que compartían la creencia comunitaria de mejorar un barrio como paso previo al desarrollo de sus miembros), pero mi memoria evoca recurrentemente más los tristes, motivados quizás por mi bisoñez y la dificultad inherente de los educandos: no dejaban de ser niños maltratados por su contexto, que sobrevivían en el día a día con la ley del más fuerte, el más listo, el más duro. “Est@s niñ@s estan pidiendo normas a gritos” me dijo una compañera, mientras yo aún pensaba en ponerme el disfraz de animador y sacar a relucir mis dotes de sociabilidad y empatía. Un traje demasiado pequeño para la empresa encomendada.

Pero como toda secuencia personal de inseguridad, la entiendo ahora con el tiempo, como necesaria y útil en el proceso de composición profesional. Soy el educador social que soy, fruto de mis/sus éxitos y mis fracasos, mis caídas y mis aprendizajes.

1996: La llamada no tiene vuelta atrás. El camino de la educación social, incluidas doscientas escaleras emblemáticas de acceso a la vieja y desaparecida escuela de Magisterio de Bilbao, ha empezado. Con una carpeta heredada del COU y una mochila nueva universitaria, repleta de ilusión, proyectos, militancia y vocación.

2014: Para, al final del camino, encontramos con nuestra propia razón de ser. Aquella que define y postula al protagonista de nuestra historia, esa historia de la educación social personal y generalizada. Ese héroe de la cotidianidad, llamado educando o sujeto de intervención, que permite al educador/a social, interpretar el papel de actor secundario, acompañándole un pasito por detrás y hacía un costado.

Foto E.U. Magisterio: Tx Rekords.EH