“Educalimitando” con la libertad del otro.

cizalla

La semana pasada hablaba con el alumnado sobre lo difícil que resulta aceptar en ocasiones nuestros límites como profesionales de la Educación Social.
No en vano, la libertad del educando choca en ocasiones con el horizonte educativo.

No hay vencedores ni vencidos en un proceso educativo y es por eso que si una persona, simple y llanamente no quiere, como educadores…¿debemos respetar su decisión?¿aunque veamos claramente cuál sería la salida del laberinto?

Plantearlo de una manera tan simplista, puede parecer pretencioso, y no deja de ser cierto que ver una solución clara y definida a los problemas, no suele ser la más común de las situaciones, pero…

Lo que sí es cierto, es que en ocasiones vemos con claridad que a José le vendría bien un apoyo para dejar de consumir, ya que no consigue mantener ningún trabajo, “le atontan mucho”.
Que a María le haría falta un apoyo psicológico para asumir y superar un pasado de padres alcohólicos y maltrato prolongado.
Que Miguel quiere encontrar trabajo, pero con la situación actual y sin ninguna titulación lo tiene complicado, y más aún cuando no se muestra dispuesto a realizar ni siquiera algún curso subvencionado.

Situaciones en las que, al menos en parte, podríamos vislumbrar la solución, pero en las que topamos con un obstáculo inesperado o al menos no deseado, la negativa de las personas a afrontar el problema y a dar el siguiente paso.

En estas ocasiones, como prestidigitadores, escondemos como podemos el conejo en la chistera y vamos trabajando el “no” para que se vaya aproximando a un “tal vez”.

No obstante, corremos el riesgo de que Maria nos suelte un sonoro “si” que en realidad esconde la intención de agradar a esa persona que se preocupa por ella. Es decir, lo hace más por ti que por ella misma, porque María hace tiempo que dejó de creer en su “salvación”.

Y es precisamente en esa creencia donde habita la oportunidad educativa, en la esperanza de que ese “no” muestre su flaqueza y que en el acompañar armado del Educador Social hallemos la manera.

Tengo la sensación de que a veces nuestra labor es creer en las personas cuando éstas han perdido toda esperanza y en ese creer al lado de, intentar cuál virus, contagiar ese brillo en la mirada que anuncia nuevas direcciones.

Tal y como vamos anunciando, el reto está en medir, en ver nuestros límites.
Tan dañino puede ser el negar la responsabilidad de educar como el anteponer “nuestros” objetivos educativos a la libertad de la persona.

Algunas veces, tendremos que aceptar su negativa, otras veces tendremos que seguir acompañando, esperando y trabajando para que se abra una posibilidad. A veces, es cuestión de paciencia, es cuestión de tiempo.

“La impaciencia es la tierra de los Educadores frustrados.”

Mensaje en el Whatsapp:

-Alex, no pienso ir a esa mierda!
-A mí no me obliga nadie a ir a ese sitio, yo lo dejo cuanto quiera y si me quieren encerrar, que me encierren, me la suda!
-Esos no saben lo que yo he pasado y no me van a decir a mí qué tengo que hacer.
– Paso Alex, no voy a ir y punto!
(………….)
-No me van a marear más, necesito estar tranquilo y no me dejan en paz, no voy y punto!
(……)
– Álvaro, la idea era que te ayudasen a dejarlo porque no podías sólo y de ese modo a ver si podías estar mejor y más tranquilo para…
-Que no! Que no voy a ir y ya está.
– Tú decides Álvaro, no estás obligado.
-Ya estamos Alex
– Ya estamos Álvaro, cuídate.

No sé si Álvaro irá a ese servicio algún día, hoy seguro que no, pero en cualquier caso, ha de ser él mismo quien lo decida, y quien vea el siguiente paso a dar, para finalmente darlo por sí mismo.

Dedicado a las personas a las que no veré dar ese paso.