La Contención física Vs. Malas Praxis (parte I)

Contención física_1

Artículo del educador social gallego, Adrián Varela Pomar

Recientemente la práctica totalidad de la prensa de nuestro país se ha hecho eco de una noticia relacionada con los centros de internamiento para menores. Dicha noticia muestra un video en el que aparece un menor amarrado a una cama, prorrumpiendo en lamentos y sollozos. De fondo unas voces susurran alguna cosa que no se alcanza a comprender, y que es de suponer pertenece a la persona o personas encargadas de inmortalizar el momento. Más avanzado el video se puede escuchar con cierta nitidez como otro menor, en las mismas circunstancias, pide agua. En este punto la grabación termina.

Casi como el tráiler de una película, con el que se pretende llamar la atención del espectador, este video pone de nuevo el foco sobre los centros de internamiento de menores y los debates que entorno a esta realidad existen. Como es evidente, es difícil juzgar una película por su tráiler. En este caso sería insensato, a mi modo de ver, juzgar la práctica profesional de los/as compañeros/as del centro en cuestión por la publicación de esta noticia. Aunque, por otro lado, es intolerable que no haya un debate acalorado sobre la realidad que refleja la publicación de este video, y que nos afecta directamente como profesionales. Es necesario por parte de los/as educadores/as sociales, que normalmente estamos en primera línea de fuego en el trabajo con estos menores –permítame el lector la expresión-, hagamos una reflexión sobre estas cuestiones.

Todos hemos podido leer los titulares que acompañaban la noticia, y en todos las palabras “malos tratos” era la fórmula periodística escogida para presentar la crónica. Pero, ¿es justo hablar de malos tratos cuando se produce una sujeción mecánica? Al amparo del real decreto 1774/2004, por el que se aprueba el reglamento de la ley orgánica 5/2000 reguladora de la responsabilidad penal de los menores, es evidente que no. El artículo 55 (1) de dicho reglamento salvaguarda este tipo de intervención en cuatro casos que el legislador considera excepcionales. Pero no es tan sencillo como parece, he aquí alguna de las cuestiones que suscita esta práctica.

¿Están lo suficientemente delimitadas las excepcionalidades que se describen en dicho apartado? De las cuatro excepcionalidades previstas tres parecen claras, pero el apartado d) genera alguna duda razonable, y es que, como se describe en el mismo; “Ante la resistencia activa o pasiva a las instrucciones del personal del centro en el ejercicio legítimo de su cargo”, habrá lugar a la aplicación de diferentes métodos de contención, entre los que se encuentra la sujeción mecánica del menor. En la práctica estamos ante una excepcionalidad de excesiva laxitud, aun poniéndose en relación con el precepto establecido en Art. 30.2. g) de dicho reglamento (2). La interpretación de la misma supone un reto para los profesionales que deben sopesar la necesidad o no de aplicar una medida de esta naturaleza.

(1): Art. 55 RLRPM: …podrán utilizarse los medios de contención descritos en el apartado 2 de este artículo por los motivos siguientes: a) Para evitar actos de violencia o lesiones de los menores a sí mismos o a otras personas; b) Para impedir actos de fuga; c) Para impedir daños en las instalaciones del centro; d) Ante la resistencia activa o pasiva a las instrucciones del personal del centro en el ejercicio legítimo de su cargo.

(2): Art. 30 RLRPM: ….g) Los incumplimientos de deberes podrán ser objeto de corrección educativa siempre que no tengan como fundamento la seguridad y el buen orden del centro. En este caso, si la conducta también fuese constitutiva de una infracción disciplinaria por atentar a la seguridad y al buen orden del centro, podrá ser objeto de la correspondiente sanción, que en ningún caso podrá extenderse al fundamento o motivo de la corrección educativa