BULLYING: ¿ASIGNATURA PENDIENTE EN LAS AULAS?

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Revisando entradas “antiguas” del Educablog, me encontré publicaciones del año 2007 de los compas Tote y Lucce, donde escribían sobre el fenómeno del “Bullying”, y una pregunta pasó por mi cabeza: ¿En estos años, avanzó mucho/poco/nada la intervención socioeducativa sobre esta problemática?.

El suicidio de Jokin en 2004 marcó un punto de inflexión: se pasó de tratar el tema como “cosa de críos” a centrarse en el acoso escolar como problemática sobre la que intervenir.

Desde esos años, y en especial últimamente, no son pocos los artículos, noticias, reportajes, etc. que tratan sobre el acoso escolar, y, si bien es cierto que hay casos que se resuelven positivamente, los casos “más mediáticos” destacan por terminar con la expulsión de la persona que agrede del centro; el traslado de la víctima a otro centro o medidas por el estilo, llegando en ocasiones el fatal desenlace del suicidio de la víctima.

Una encuesta realizada por Aldeas Infantiles SOS pone de manifiesto que cerca del 40% de los/as adolescentes españoles/as tienen el Bullying entre sus principales preocupaciones. Pero, y a las personas adultas: ¿les preocupa este tema?; ¿Cómo actúan en los centros educativos cuando se presentan estas situaciones?

Mucho se lleva escrito sobre el perfil y características de la persona que agrede, de la víctima, de los/as observadores/as; pautas de actuación; estrategias de prevención, etc. Pero, en la práctica, en el día a día, ¿se aplican real y eficientemente dichas pautas, estrategias…?¿Son efectivas las medidas que se imponen?.

Bajo mi punto de vista, la Educación Social juega un papel primordial en este tema tanto desde la prevención (educación para la convivencia, habilidades sociales y habilidades de comunicación, gestión positiva de conflictos, fomento de la mediación entre iguales y fórmulas que promuevan la implicación activa de los menores, etc) como en la intervención propiamente dicha.

Esa debe ser la vía sobre la que trabajar, ya que otras medidas (expulsiones o traslados de centro) son “parches” que no ayudan a la resolución positiva de la situación y cuyas consecuencias pueden ser peores (doble victimización, estigmatización, etc.).

La Educación Social debe reivindicar su papel (y en nuestras manos está hacer fuerza para ello)!! Se debe escuchar (activamente), motivar y acompañar a los/as menores, familias, profesorado, alumnado, resto de profesionales, comunidad en general… para que, trabajando en red y prestando una atención integral, se pueda poner solución a esta lacra.

Muchos aspectos se quedaron en el tintero, porque el tema no es sencillo, pero para hacerse una idea de conjunto puede valer…

Para mi, si se avanzó durante estos años, pero aún queda mucho por hacer; ¿qué opináis?

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Artículo de Beatriz Gómez Gómez (educadora social)