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Vaya mierda todo

el roto

Es de la edad, más o menos, de mi hijo. Eso pensé. Luego, leyendo, me enteré de que Aylan tenía tres años. Un poco más mayor. Aylan vestido de forma occidental. Su apariencia aún me (nos) ha removido más. Claro. Es que nos recuerda a los nuestros.

Aylan ha sido, en cierta forma, la gota que ha colmado el vaso. Es decir, asistimos, casi diariamente, a muertes de refugiados y migrantes en lanchas, pateras, camiones con cámaras frigoríficas y demás. A desembarcos en playas, a hacinamiento en campos, a gases lacrimógenos, a ataques xenófobos, a guerras y a desigualdad. Niños, hombres, mujeres, viejos. Y estábamos todos así, en plan, joder, vaya tragedia. Pero llega el día en el que el cuerpo del pequeño Aylan, que nos recuerda a los nuestros, es fotografiado inerte en la orilla de una playa turca y todos estallamos. Vaya mierda todo.

Lo hacemos en forma de posts en nuestros muros, en tweets comprometidos. Clamando justicia. Pidiendo compromiso por parte de los mandatarios mundiales. Hacemos donativos a ACNUR o a UNICEF. Nos sumamos a la petición de que nuestras ciudades se aroguen el título de ciudades friendly con los refugiados. O algo así. Hacemos todo eso y a uno le sigue quedando la sensación de qué más se puede hacer. Vaya mierda todo.

Luego ves que también hay discusiones sobre si tú recibes/acoges más o menos que yo. Que si en Europa más, que si los países islámicos menos, que si tal que si Pascual (por cierto, añado un tweet de Javier Solana al respecto)

Vaya mierda todo.

También surgen los debates sobre la conveniencia o no de publicar fotos así. Sobre el respeto al pequeño Ayran (¿se le respetó en vida?), sobre si es morbo o no, si necesitamos de este tipo de instantáneas para concienciar o no. Incluso debatimos sobre si este tiene que ser el debate o no. Etcétera. Vaya mierda todo.

Nos empleamos en recordarnos, quien más quien menos, que la raíz del problema va más allá. Que este drama es uno de los resultados de políticas basadas en desigualdades, de una injusticia global, etcétera. Nos defrauda pensar en una Europa de la que nos vendieron la moto de la solidaridad y demás zarandajas. Vaya mierda todo.

Y la mayor puta mierda de todo esto es la sensación de escepticismo de que en unos días, en unas semanas, nos habremos olvidado de Aylan como símbolo y de todo el drama contextual sobre el que se elevó dicho símbolo. Y lo peor es que uno sigue sin saber muy bien qué hacer, qué puede hacer desde un plano personal, individual. Supongo que, como mínimo, seguir gritando.

* La imagen que acompaña la entrada es una viñeta del El Roto en El País del pasado 2 de septiembre.