LA BOTICA DEL EDUSO

LA BOTICA DEL EDUSO

Sigue candente el debate profesional sobre las praxis socio-educativas y su recurrente protocolarización. A “las lógicas del mercado” que aducía nuestro querido Cosme Sánchez Alber, se suman últimamente los encargos institucionales cada vez más tecnificados y generalistas, relegando a un segundo plano, parte de los orígenes de la educación social como la conquista del territorio o el acompañamiento pedagógico. Como muy bien ejemplificaba recientemente el educador social zamorano Rubén Iglesias, en boca de un responsable asociativo: “No estamos aquí para dar titulares, estamos para evitarlos”, decía. ¿Declaración de intenciones? Mucho más que eso. Es el eje vertebrador de una política social basada en el control.

No estamos solos en esta batalla, no crean. Son cada vez más l@s profesionales de la Educación y el Trabajo Social que reclaman un mayor protagonismo de las personas con/para las que trabajamos y la reconquista de la calle, de la entrevista familiar, de la relación más allá de lo meramente profesional o técnico. Una lucha en toda lid contra el síndrome de despachización.

Una de las cosas que más nos gusta a los responsables de Educablog, de un tiempo a esta parte repleta de presentaciones de #Edusohistorias, son los encuentros con las personas (protagonistas de algunas de las historias) y con l@s compañer@s de la acción social que se acercan a la reflexión.

Recientemente en Segovia, el ahora amigo Rafa Acebes nos conquistó a los allí presentes con una magnifica fábula autobiográfica: “Cuando comencé en esta profesión como trabajador social hace más de 20 años, mi profesión se asemejaba mucho a la de un boticario. Visitaban el servicio las personas que lo necesitaban y dependiendo de las necesidades y características de cada caso, con el conocimiento y los diversos productos habidos, elaborábamos un posible remedio que subsanase esa dificultad: ungüentos, pomadas, jarabes, elixires.. En los últimos años la transformación ha sido tal, que tan solo (digo solo aunque exponencialmente han aumentado las cargas de trabajo) nos ocupamos de dispensar fármacos. Los enfermos traen sus recetas o se les procuran unas genéricas y el propio sistema informatizado te indica a cual o cuales medicamentos pueden acceder. Es la transformación del artesano boticario al farmaceútico clínico”.

Son los procedimientos y protocolos que nos vienen encomendados”, sugieren algunas voces acomodadas. “Contra el sistema no se puede hacer nada”, nos dicen otr@s resentidos. “No vas a enfrentarte a los de arriba, son los que te dan de comer al fin y al cabo”, los más cobardes.

Para ellos, nuestras herramientas más sofisticadas seguirán siendo imprescindibles, difícilmente cuantificables pero enormemente productivas: el acompañamiento vinculante, la mirada apreciativa, la cercanía relacional, el estar, los momentos de calidad, la relación interpersonal, la actitud implicacional, la construcción crítica y transformadora, la búsqueda de justicia social, la empatía, la genuidad, la lucha por la igualdad…

En definitiva, atender a personas, no despachar a clientes.

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