EN EL LÍMITE

EN EL LIMTE

No es difícil encontrar, el paraíso en la oscuridad. La fortuna viene en un barco, sin rumbo y sin capitán

Cuando me adentré allá a finales de los noventa, en las entrañas de las entidades sociales, una de las cosas que más llamaron mi atención fue la barrera de contención sociológica que flotaba en un ambiente de enorme trabajo solidario y militante. Un joven y revolucionario transformador del mundo, ante estructuras entusiastas y dinámicas que te recogían con afabilidad pero trazadas de una pulcritud quizás exagerada en el tratamiento con la ciudadanía.

Un tercer sector en ciernes, que peleaba por visibilizarse en las instituciones, haciéndoles partícipes de las responsabilidades inherentes a sus quehaceres. Profesionales que ahondaban en la dignidad de los/las sujetos de intervención a los/las que acompañaban, sobreprotegiéndoles de alguna forma de los prejuicios sociales externos.

Una aureola deontológica, que venía a prevenir aquello de “dar titulares” (opio del pueblo en palabras del cineasta y escritor Rodrigo Cortés), pero que sin pretenderlo, invisibilizaba los proyectos y por ende, a las personas que los componían.

Prejuicios y estigmas, que aún hoy en día permanecen en el imaginario colectivo, pero afortunadamente se combaten de frente, sin complejos y explicando que las dificultades contemporáneas son solo eso: circunstancias, que nuca anteponen la consideración y relevancia de la mujer, hombre o niñ@ que las sufren.

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Era día de Reyes y como era costumbre en la entidad, los regalos de los niñ@s acogidos se llevaban envueltos y en una bolsa gigante a las instalaciones del equipo de referencia de la provincia. Año a año, Navidad tras navidad, la estampa fotográfica “solidaria” debía realizarse, ante todos los medios de comunicación allí congregados. Jugadores de futbol del más alto nivel, entregaban cual reyes magos de Oriente, sendos regalos (el anteriormente citado, más algún obsequio suplementario sobrante del merchandising del Club) a una horda de niñ@s que disciplinadamente hacían cola hasta llegar a su lado. La beneficencia de los Santos Inocentes de Delibes, acondicionada al mass media contemporáneo.

Ese día, se daba una tregua a la confidencialidad, a la protección de la Infancia en riesgo de exclusión y a la estigmatización social. Solo te rescataba a la cordura o al sentido común, uno de los propios jóvenes, con una reflexión en forma de zasca pedagógico: “Asier, te importa quitar de la bolsa de regalos ese cartelito con el nombre de la asociación? Con mi nombre en el envoltorio, será suficiente”.

Hoy en día, conecto a través de la Red con diversas entidades sociales, que me esbozan una sonrisa de esperanza, un trabajo de empoderamiento social de enorme relevancia.

Compartiendo actividades, proyectos, imágenes y momentos mágicos de todas las personas que conforman este ámbito de la Intervención Social: Personas en dificultad social, personas con problemas de adicciones, personas en tratamiento de salud mental, personas con diversidad funcional, personas en situación de privación de libertad, personas profesionales de la educación social. En definitiva, personas.

Construyendo, como no podía ser de otra manera, una composición de la realidad que nos ocupa más cercana y reconocible.

Cómo dignificar y visibilizar toda esta ciudadanía, sin que recaiga por ello una mayor estigmatización y prevalezcan los derechos básicos de privacidad o confidencialidad personal, es uno de los retos que se presenta por tanto a la ardua tarea de la educación social.

Personalmente recojo el guante y no les quepa duda, que lo haré de frente, sin remangarme la camisa y con el mayor reconocimiento posible. Atrás quedaron años de dudas, sombras y desconfianzas.

Documentos complementarios

CÓDIGO DEONTOLÓGICO DEL EDUCADOR Y LA EDUCADORA SOCIAL

CAPÍTULO III. Sección Primera. Artículo 7 Y Sección Quinta. Artículo 28.

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