Va por usted, maestro

VA POR USTED MAESTRO_1

Entraste por la puerta el primer día arrasando, como si de una StartTv se tratara. Una chaqueta a cuadros, algo vetusta y bastante más usada de lo que aparentaba, te envolvía ese cuerpo algo encorvado y zambo. Pero esa mirada traviesa, segura de si misma y de lo que allí acontecería en los próximos meses, vacilaba sin descaro en tu subida al estrado. Tenías el partido ganado, antes de empezar a rodar la pelota socioeducativa.

Con un puñetazo al estomago y un zarandeo a nuestras sienes. Así empezabas cada clase, cuando cogías aquel trozo de tiza y anotabas en la pizarra sin mediar palabra, una de tus frases sentenciadoras. Los críticos más avezados, pronto descubrieron que buena parte de tu cosecha, la recolectabas en el por aquel entonces desconocido Mario Benedetti.

Como es imposible dar gusto a todo el mundo, he optado por lo más difícil: dármelo a mi mismo” “Al inadaptado, más que sus palabras, escucha sus silencios” “Empatía¡ Empatía, señoras/es¡¡¡¡

Te siguieron lloviendo críticas feroces por parte de los estudiantes más tecnócratas, los funcionarios de la futura acción social que en calidad de escribanos, cazaban al vuelo cientos de palabras. Daba igual que fueran inconexas o hablasen de la física cuántica, ellos querían sus apuntes. Esas extravagancias literarias que tú osabas robarles jornada tras jornada, con aquel desdén muy tuyo. Entre dandy norteamericano de los setenta y un postlandismo vascongado.

Fuiste pionero en una metodología mucho más arriesgada y valiente. Provocadora y a contracorriente: nos enseñaste a pensar, a (re)pensarnos. VA POR USTED MAESTRO_2A destruir nuestros prejuicios y conceptos y reconstruirlos de nuevo. Eras un provocador sin igual, desorganizado, anárquico y extremadamente inteligente. Porque lo que no sabíamos la plebe, era que tú lo tenías todo controlado. Tú eras la jugada maestra y la linterna que iluminaria buena parte de los senderos críticos que hoy recorremos algunos de los educadores sociales del País Vasco. Un adelantado, en pleno finales siglo XX.

Aún recuerdo en pleno verano, cuando bajabas en tu mustang descapotable, más propio de Grace Kelly que de un docente universitario, por aquella ladera ventosa de Arangoiti. Con un pañuelo al cuello, dejándote la estela de parte de esa mini cabellera platino que tan bien te caracterizaba.

No le quepa duda, maestro. La próxima ronda, allí arriba si es necesario, la pagaremos nosotros

Paco Moral, In Memoriam

Magister: Artesano que ejerce su oficio independientemente y enseña a aprendices.

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