La Educación Social en la competencia digital (1 de 4)

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El pasado 22 de abril, y en el marco del VII Congreso de Educación Social de Sevilla, tuvimos la oportunidad de participar en una de las numerosas mesas de confluencias que se desarrollaron a lo largo del congreso. Un espacio de encuentro y reflexión entorno al posicionamiento de la profesión ante las competencias digitales. Todo ello coordinado y dinamizado por nuestro compañero y amigo Salvador Gómez Ortega. Pues bien, durante las dos próximas semanas y en cuatro partes compartiremos nuestra reflexión. Que ustedes la disfruten…

De hace un par de décadas a esta parte, la realidad o el contexto digital se ha integrado en la cotidianidad de la ciudadanía tocando diferentes áreas de la misma: laboral, personal, ocio, relacional, etc… De hecho, hoy en día para asegurar una ciudadanía de pleno derecho y en igualdad de condiciones, es necesario garantizar el acceso a las competencias digitales, siendo central en esta área también la igualdad de oportunidades.

Los espacios digitales o virtuales no son lugares anecdóticos destinados únicamente a quienes poseen conocimientos tecnológicos. La accesibilidad y sencillez con que buena parte de la población se nutre de sus servicios hace que cada vez se produzcan más dinámicas relacionales en su seno.

Por todo ello, conocer los códigos, las formas de comportamiento, adquirir las potencialidades, detectar los riesgos, etc… se empieza a hacer cada vez más necesario y, por tanto, pensando en transformación social y en participación ciudadana, no podemos obviar esos espacios y, por consiguiente, como Educadoras y Educadores Sociales hemos de ser conscientes de que estos contextos precisan de un análisis, de una lectura crítica y de un acompañamiento para que, del mismo modo que se interviene en otros espacios, se pueda estar presente en este para extraer todo lo positivo en pos de una buena convivencia social.

En ese sentido, hay que empezar a equiparar a estos espacios digitales o virtuales al mismo nivel que otros. De esta forma, ¿qué respondemos si nos planteamos la pregunta de si el proceso de adquisición de competencias académico-escolares debe ir acompañado de una educación en valores? Del mismo modo que la contestación no ofrece dudas, en el caso de las competencias digitales, tampoco debería haberlas.

De alguna manera, si hablamos de proceso de adquisición de competencias, sean del tipo que sean, estamos hablando, en definitiva, de un proceso educativo y todo proceso que sea educativo, lleva intrínseca una intencionalidad, y una ideología. Así, no sólo hay que enseñar a usar sino a pensar en clave de “para qué” vamos a usar, en este caso, las tecnologías.

En definitiva, la ética y la educación en valores han de acompañar este proceso. De un uso o mal uso de estas competencias pueden derivar en una mayor o menor conflictividad, la aparición o no de mayores problemas, etc… Del mismo modo que en cualquier otro contexto de aprendizaje, sea cual sea el objeto del mismo.

Además, sobre todo de diez años a esta parte, la mayoría de las herramientas digitales están orientadas a la relación entre personas y aunque como herramientas que son pueden parecer desprovistas de valores o sentidos éticos o morales, el uso que se les dé a las mismas sin duda sí los llevan. Además, a pesar de lo dicho, no debemos olvidar lo que decía Marshall McLuhan en 1964: “Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman”.

Con estas premisas comentadas, va quedando clara la necesidad de intervención de las Educadoras y Educadores sociales en estos procesos. El cómo hacerlo tiene que pasar, como en otros muchos contextos en los que esta profesión interviene, conjugando uno de los verbos que mejor la define: acompañar. Acompañando a las personas que se acercan o ya están inmersas en estos contextos digitales y mostrándonos como apoyo o figura de cercanía en los mismos.

Desde una perspectiva integral, en el que se entiende como un derecho la asunción del rol de ciudadanos activos y en la idea de garantizar la igualdad de oportunidades, la educación social es igualmente entendida como un derecho y su acción socioeducativa se enraíza en tal idea también en el ámbito de la competencia y la ciudadanía digital. Por lo tanto, se entiende éste como un ámbito más del acompañamiento integral que realizamos a las personas los y las profesionales de la Educación Social.

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