La Educación Social en la competencia digital (2 de 4)

Asimismo, toca reflexionar y tomar perspectiva de qué suponen estos nuevos marcos de ciudadanía, cuáles son las posturas ideológicas dominantes y con qué intereses y de qué medios se sirven para tales fines. Es decir, que la ciudadanía digital sea una parte más de la propia idea de ciudadanía activa y transformadora.

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Dicho lo cual, es a la Administración pública a la que le toca apostar por los Educadores y las Educadoras Sociales formados en competencias digitales del mismo modo que lo hace por Educadores y Educadoras Sociales que adquieren formaciones específicas en otros contextos: educadores de calle, en centros escolares, en prisiones… Es insistir, con todo, en la idea de contexto, de espacio propio. Del mismo modo que la calle o el centro escolar tiene sus propios códigos, sus propias peculiaridades y, por tanto, es necesario poder conocerlos, el contexto digital, las redes sociales en las que está presente la ciudadanía también y, por tanto, un o una profesional que vaya a intervenir en el mismo, ha de conocerlos.

Para ello, no se debe perder la perspectiva de que es un contexto todavía joven y, por lo tanto, puede ser necesario que buena parte del trabajo de los Educadores y Educadoras Sociales parta de la construcción o identificación de sus códigos, sus pobladores, sus normas, etc… ¿Cómo hacerlo? Primero, interactuando en el mismo con el código deontológico profesional como guía que ayude a identificar los rasgos que haya que mejorar en nuestro acompañamiento educativo.

Es decir, no sólo debemos acompañar en este ámbito, sino que también podemos ser referentes en su buen uso y, por otro lado, deberíamos integrarlo en nuestras intervenciones. Por ejemplo, no sólo deberíamos trabajar en un acompañamiento personal con los y las jóvenes en un uso ético, responsable y consciente, sino que deberíamos posibilitar a las familias la autonomía para poder realizar por sí mismas el acompañamiento a sus hijos. Es decir, en el uso de las tecnologías, también tenemos que mirar más allá y adoptar una mirada integral y a distintos niveles (micro, meso, macro)

Pero además de esa experiencia directa o en primera persona, como en cualquier otro contexto, la formación es importante. Leer y leer. Hay literatura abundante para conocer el contexto a pesar de su juventud y no son artículos, libros o webs enfocadas o realizadas desde planteamientos estrictamente tecnocráticos sino que están realizados desde la Psicología Social, la sociología, el Derecho, etc…

También sería conveniente rodearse de expertos que sí tengan la experiencia para poder identificar las características esenciales de los contextos existentes dentro del gran contexto digital.

Pero más allá de todo esto, hay que tener en cuenta lo volubles y flexibles que pueden ser (¿son?) las pautas de conducta en estos espacios. Por tanto, no queda otra que mantener casi de forma permanente encendida una antena que detecte las evoluciones e involuciones en estas competencias. Los cambios en estos contextos son rapidísimos y los usuarios o habitantes de los mismos son quienes más fácilmente los integran.

En ese sentido, una (quizá grandilocuente) tarea que debe atreverse a hacer la profesión es la de promover que esos cambios, esas nuevas conductas, sean lo más solidarias, empáticas, cercanas, incluyentes, etc… posibles. Conseguir, en definitiva, que las evoluciones en el contexto digital se impregnen de Educación Social.