De Hermano Mayor a Proyecto Bullying. Parte I

DE HERMANO MAYOR A #STOPBULLYING_1

Transcurría la sesión de forma dinámica e interactiva. En ocasiones, los profesionales de la educación social, al no estar muy en contacto con la academia o el arte de la docencia en la misma, podemos cometer la imprudencia apriorizada, de recrear cierta ensoñación y proyectarla como un lugar idílico, espacio de encuentro y reflexión, adalid del conocimiento…Y si, pero en otras ocasiones, no. Es un grupo de alumnas y alumnos de 1ero, con unas ganas fervientes de morder el hueso del asfalto y embarrarse en la acción socio-educativa.

Agradecido por esa parte de disfrute mutuo, nos acercamos a una joven entusiasta, serena aunque algo cohibida y casi sin intercambiar cuatro palabras, logro arrancárselo de cuajo: “Yo ansío ser educadora social, gracias principalmente al programa de Hermano Mayor”. Puñetazo al mentón, seco. Sin poder esquivarlo aunque con una buena retahíla de argumentos para invitarla a reflexionar. Más tarde, desde el reposo de la escalinata junto al estrado, lo encuentro muy respetable y profundamente honroso. En sus gestos y palabras denoto convicción, ideales, actitud. Valores tan o más valiosos que los recurrentes vocación, militancia, transformación o acompañamiento.

Despejo el envoltorio efectista del reality, e intentó adentrarme en su más allá. En la raíz de su mirada social, tan apreciativa como la de muchas y muchos compañeros que comparten su aula y pronto, profesión. ¿Que le habrá removido? ¿Cómo se sitúa frente a su futura profesión? ¿Porque escoge ese elemento referencial?

Mucho se ha hablado y dicho del mencionado programa de telerealidad en el mundo socio-educativo. Principalmente para dejar constancia de un malestar generalizado, motivado por la hipotética perversión de la práctica socio-educativa a través de la visualización televisiva de la misma. Es cierto que las prácticas desarrolladas traslucen infinidad de teatralizaciones, pero también lo es que en ocasiones estás, no se alejan demasiado de las cotidianidades practicadas en centros de menores derivados de justicia juvenil o en hogares con personas residentes con dificultades de conducta o salud mental.

Creo que históricamente cometimos el error de intentar defendernos de un programa de televisión, de un show. Comparando coachers y supporters, con verdaderos educadores sociales profesionales. Comparto que tenemos que explicar y dignificar la educación social desde una perspectiva ética, inmolada por proyecciones morbosas de este tipo, pero no veo la obligación de constreñir o lapidar per sé un elemento (sea televisado o no), que refleja someramente y acerca una profesión tan desconocida y confundida por la sociedad, como la nuestra. Habrá que explicarlo mejor, con los tiempos y las herramientas que la praxis necesita, no a golpe de edición ni violines Wagnerianos tras un final Disneyriense. Cambiar purpurina, por los altos y bajos en los procesos. Denunciar la violencia intencionada o (de)generada y mostrar los ejercicios de contención psicológica y trabajo emocional desarrollado con las personas que participan de los proyectos.

Me gusta quedarme con lo que construye, con lo que suma. Porque como bien sabemos en el mundo de la acción social, aquí no nos sobra nadie ni nada. No podemos permitirnos un lujo como ese.

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