Educación Social: ¿Vaso medio lleno o medio vacio?

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Muchas son las dudas y debates pendientes en la compleja tarea de la educación social. En este dia Mundial que hoy celebramos, nos asomamos a este ventana para intentar arrojar algo de luz en los distintos posicionamientos y tendencias que desarrollamos a diario desde la praxis. Con todo, sin pretender ser ambiciosos, daremos algunas pinceladas de a lo que nuestro parecer es o debería, en estos años de recorrido profesional de acompañamiento pedagógico. Desde un iniciático ideal de transformación social a un más reposado atalaya de acompañamiento hacía el empoderamiento ciudadano.

Cuestionando por momentos el idílico Edén de la perspectiva motivacional y resiliente (¿no tenemos derecho a caernos?), pero sin obcecarnos en el negacionismo anárquico de un complot neoliberal contra los derechos de las personas, desde la Infancia, Juventud a personas mayores, con mayor o menor grado de vulnerabilidad social.

Cuando se asoma un debate de la transcendia, de si la educación social es asistencialista o apodera a las personas para defender sus derechos, pareciera que con un marianismo del estilo “pues depende. En algunos casos si, y en otros todo lo contrario“, resumiríamos buena parte del conflicto de identidad en el que nos hayamos. A nosotros, lo que nos provoca la educación social en reiterados momentos de ejecución es la sensación de asomar la duda y el miedo a responsabilizarse.

Con cierta tendencia recurrente a convivir y acomodarse en un sistema prefijado, mayoritariamente bajo el amparo institucional, más que a explorar territorios de cambio reales. No tanto en el acompañamiento profesionalizado, como si en el sentimiento corporativo y en la deseada construcción identitaria de una profesión distinta, necesariamente liberizadora. Un sentimiento rupturista que en la teoría queda explosivamente recogida, pero luego en la práctica acaba cristalizándose bajo unas formas mucho más permeables, sosegadas e incluso amables.

Es cierto, que dirían los puristas, que en algunos ámbitos, más que en otros, la educación social pudiese pecar de asistencialista pero, en general, no debería ser así. El fondo que siempre hemos entendido y atendido al respecto, debería situarnos a los Edusos como figuras que acompañen personas en un proceso en el que van adquiriendo habilidades y competencias (en un momento determinado puedan tener cierto déficit) de manera que sean estas mismas personas las que evolucionen y progresen por sí mismas. Entendiendo este proceso relacional, como un acto de proactividad más que asistencialista pero, como digo, no estoy seguro de que se dé siempre.

De alguna manera, esto respondería la cuestión de “empoderar a las personas para que defiendan sus derechos”. En el plano de la relación individual, sin duda, no debería ser de otra manera, en un plano más genérico y/o ideológico, la defensa de los derechos de la ciudadanía (y, por tanto, la promoción de que la ciudadanía se empodere para defenderlos) debería ser el gran leit motive u objetivo en el que nos desempeñemos como profesión y colectivo.

Construyendo asi y garantizando, los derechos de las personas y la ciudadanía en general. Desde luego, este debería ser (si ya no lo es) uno de los objetivos prioritarias de la educación social, otorgándole el privilegio y razón de ser central, de su ADN.

O al menos y como se ha comentado, debería promover para que las personas los reconozcan, sepan aprehenderlos y por consiguiente defenderlos, de forma que luego sea la propia ciudadanía quien garantice su cumplimiento. En todo este argumentario, por tanto, es donde aparece de soslayo o paralelamente el movimiento clave de acompañamiento, de estar ahí al lado, crear redes y vincular con las personas para que esto se dé, para que la ciudadanía sea la protagonista en sí misma en estos procesos.

CARNAVAL DE BLOGS 2016 (24 artículos)

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